"Mi mamá dice que tonto es el que hace tonterías". Me viene de perlas esta legendaria frase de la no menos legendaria película Forrest Gump (quien, por cierto, sería un brillante ministro si lo comparamos con muchos de los que han ocupado ese cargo a lo largo de nuestra aún joven democracia) para explicar lo que le ha ocurrido a mi querido y paciente padre.
Lo explico: hace unos días le llegó una carta certificada con el sello de Hacienda. "¡Vaya!", pensó. "Ya verás como es que hay que pagar algo". Pues no. Milagros de la naturaleza. Hacienda escribía a mi padre para comunicarle la feliz noticia de que, como se habían retrasado un día en el pago de la devolución de su declaración de la Renta, le iban a indemnizar en concepto de intereses... ¡con un céntimo de euro!
Bueno, ya os podeis imaginar los saltos de alegría en mi casa: mi padre había tenido que ir hasta Correos andando, con el ojo recién operado de cataratas y una agradable temperatura de dos grados bajo cero, y tirarse allí media hora esperando... Pero, ¿qué pequeño sacrificio era ese comparado con la desbordante felicidad de saber que Hacienda le iba a devolver un céntimo? Céntimo de euro que, por cierto, le ha arreglado la vida, ya que con él podrá pagar la hipoteca de la casa del pueblo, así como asegurarse una plácida jubilación y, probablemente, todavía le sobre para dejarnos a mi hermano y a mi una importante herencia.
El caso es que, luego, una vez pasada la emoción del primer momento, me puse a pensarlo friamente y llegué a la conclusión de que, tal vez, mandar un correo certificado, con el consiguiente gasto de papel (además del árbol que ha habido que talar) y tinta, así como de trabajo para el señor cartero y las chicas de la oficina de Correos (quienes, probablemente, podrían haber dedicado ese tiempo a realizar labores más provechosas para el país), tal vez era un poco estúpido.
Eso por no hablar de que el coste total de la operación es superior al bien hallado céntimo de euro. Y por no mencionar que, ¿por qué coño se tiene que retrasar Hacienda al realizar una devolución, si eso le cuesta a nuestras ya de por sí enriquecidas y saneadas arcas públicas, algo de dinero (aunque sea solo un céntimo... pese a que me imagino que el caso de mi padre no habrá sido una excepción)?
Y para que no haya dudas al respecto de la veracidad de lo aquí expuesto, adjunto la prueba del delito.



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