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Dos colosos y un gigante

Barcelona-Madrid. Madrid-Barcelona. Los dos grandes colosos del fútbol mundial ofrecieron ayer, como viene siendo habitual en sus últimos enfrentamientos, un espectáculo futbolístico realmente extraordinario. El partido discurrió durante los 90 minutos tal y como comenzó, es decir, con un ritmo trepidante. En el primer minuto de juego Ronaldo cabalgó hacia el área blaugrana y Piqué le zancadilleó apenas diez centímetros antes de que el portugués se introdujera en esta. Amarilla para el central, que quedaba muy expuesto durante el resto del partido. El catalán no solo no se arrugó, sino que realizó un partido memorable. El tiro libre de Ronaldo lo sacó Pinto con una gran parada. Era solo el comienzo de lo que se avecinaba.

Y es que, unos por la tremenda calidad que atesoran y otros (recordemos que el Madrid contaba con cinco importantes bajas), quizá espoleados por los grandes jugadores de los que se encontraban rodeados, ofrecieron su mejor versión (excepto, tal vez, un Callejón un tanto desacertado). Pero todos ellos quedaron eclipsados por el auténtico protagonista de la noche que, ironías de la vida, no fue ninguna de las dos mega estrellas: ni Cristiano ni Messi disputaron ayer su mejor partido. Tampoco lo fue Iniesta, pese a realizar un encuentro antológico. No solo resultó prácticamente imposible robarle un solo balón sino que, a la mínima oportunidad, el albaceteño filtraba sutiles pases capaces de dejar a sus compañeros solos delante del portero rival. Ni Ozil, que se encuentra en un estado de forma excepcional. Ni siquiera Diego López, quien finalmente se hizo con la titularidad, y que realizó tres intervenciones decisivas que salvaron al Madrid del desastre. Algo que, por cierto, deja en muy mal lugar a Mourinho. Si Adán estaba tan bien como para arrebatarle la titularidad a Casillas, ¿cómo es posible que no esté por encima del que, hasta ahora, era el portero suplente del Sevilla? El caso es que el privilegio de ser el jugador más destacado del partido que a día de hoy es capaz de reunir más calidad sobre un terreno de juego, fue para el francés Raphael Varane.

El central venía apuntando unas magníficas maneras desde que aterrizó en el Madrid hace poco más de año y medio. Pero ayer, a sus 19 años y en su primer partido grande como titular, demostró que es el central del futuro. Alto, extremadamente rápido, brillante y valiente al corte, siempre bien colocado, siempre atento al tirar el fuera de juego y, por si fuera poco, excelente cabeceador, tal y como demostró en el gol del empate, un cabezazo picado y potente prácticamente desde el punto de penalty. Y ello cuando el partido ya casi agonizaba y el Madrid se veía abocado a jugar un encuentro de vuelta que se presentaba, como poco, muy cuesta arriba. Se puede decir que, gracias a Varane, tanto por su gol como por su excelente labor defensiva (salvó un tanto en la misma línea de gol tras un clamoroso error de Carvalho), la eliminatoria aún sigue abierta.

A lo largo del encuentro, cada equipo fue capaz de utilizar a la perfección sus mejores armas: el Barça con un dominio de la pelota basado en unos centrocampistas celestiales que se permitían el lujo de jugar rondos a toda velocidad pese a estar totalmente rodeados de rivales. El Real Madrid realizando una presión axfisiante, aprovechando su superioridad física para tratar de impedir lo que para cualquier otro equipo es casi una quimera, el baile de los blaugranas; robando balones que, automáticamente, se convertían en peligro inminente de gol.

El Madrid disfrutó de más oportunidades, pero el Barça dispuso de las más claras. Pedrito y Jordi Alba, este en dos ocasiones, erraron tras quedarse completamente solos delante de Diego López, mientras que Xavi estrelló un magistral lanzamiento de falta contra el larguero. Solo Cesc fue capaz de acertar ante la portería rival, tras una cesión de Messi, después de un defectuoso despeje de Callejón. El Barcelona tuvo más tiempo el balón, pero el Madrid supo mejor lo que debía hacer con él. Además, el equipo blanco tuvo el mérito de no arrugarse cuando tenía todo en contra. Así, el gol de Varane no solo hizo justicia, sino que garantiza otro vibrante partido dentro de cuatro semanas (el que elaboró el calendario merece un premio) en el Nou Camp, que decidirá el finalista de Copa. Por lo visto ayer, cualquiera de los dos lo merecerá.

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