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Arbeloa y su defensa de José Mourinho

Una vez concluido el periplo de José Mourinho en el Real Madrid, parece que ha llegado la hora de los balances. El mío me lo voy a ahorrar, pues es de sobra conocida mi opinión y tampoco es cuestión de ensañarse con la pobre criatura.


Escribo este post porque me ha parecido muy curiosa la opinión de Álvaro Arbeloa con respecto al asunto. Y me lo parece, primero, porque por lo que sé tiene muy buena relación con los jugadores españoles del Madrid (los mayores detractores del entrenador portugués) y, especialmente, con Casillas; segundo, porque este buen hombre ya ha hecho todo lo que tenía que hacer en el fútbol: ha ganado todos los títulos nacionales, dos Eurocopas y un Mundial y, por edad y por dinero, no creo que tenga ninguna necesidad de andarse con peloteos hacia nadie; y tercero, porque me parece admirable que, después de todo lo que ha pasado, algún jugador del Madrid tenga los huevos de salir y hacer esas declaraciones. Creo que Arbeloa está delirando, pero que es algo que le honra, pues con ellas tiene mucho más que perder que que ganar.

Pues bien, dice Arbeloa en declaraciones a La Sexta que todo lo que ha hecho Mourinho ha sido siempre pensando que era en beneficio de su club. Bien, vamos a suponer que Arbeloa esté en lo cierto y que la loable intención de Mourinho no haya sido más que sacrificarse por el club que le paga y demostrar así su gran profesionalidad.

El primer pero sería que, de ser eso cierto, entonces es que Mourinho está loco o tiene un grave problema mental. Me explico: si Mourinho piensa que meterle el dedo en el ojo por la espalda y delante de las cámaras de televisión de medio mundo al segundo entrenador del equipo rival es algo que beneficia a su equipo, es que algo no rige bien en su cabeza. Si considera que, plantarse acto seguido en la sala de prensa (de nuevo, ante los medios de comunicación de todo el planeta) y referirse a esta persona como "Pito", sabiendo perfectamente que ese no es su nombre, y siendo plenamente consciente del significado peyorativo que esa palabra tiene en castellano, y pensar que eso beneficia a su club, es que algún cortocircuito tiene que haber por ahí dentro. Si el señor Mourinho cree que ir al párking de un estadio a buscar al árbitro para recriminarle su actuación es de alguna forma positivo para el Real Madrid, es que desvaría mucho. Si cuando don José criticaba (siempre de forma victimista) a la afición, medios de comunicación, estamentos federativos tanto españoles como europeos, árbitros y jugadores (propios y ajenos), pensaba que hacía una gran labor para el club es que, evidentemente, él y yo habitamos mundos paralelos. Por el tema de salir a saludar y recoger una placa de una banda fascista como son los Ultras Sur (por mucho que te hayan apoyado) voy a pasar de puntillas porque parece que se ha convertido en una (asquerosa) tradición...  
Segundo pero: a lo mejor, tal vez, no sé, quizás... una persona que no tuviera un ego desmedido, a pesar de creer estar haciendo lo mejor para su club, podría pararse a reflexionar el por qué la mayoría de la gente piensa todo lo contrario. Es decir, que tu puedes estar convencido de ser la reencarnación del bien, pero si la práctica totalidad de las personas están en desacuerdo contigo... no sé, tal vez deberías replantearte las cosas.

Tercero: parece como si Arbeloa quisiera exculpar a Mourinho. Tal vez se haya equivocado, pero como él lo ha hecho totalmente convencido de que hacía lo mejor, pues tiene excusa. Eso me parece que es el equivalente a decir que como los terroristas de Al Qaeda están completamente convencidos de que sus actos son justos y correctos, pues entonces no se les debería criticar. Total, más sacrificados que ellos que están dispuestos a volarse por los aires en pos de defender aquello en lo que creen...

Así que, Arbeloa podrá decir lo que quiera, pero yo pienso que todas y cada una de las cosas que hace el señor Mourinho las hace porque, básicamente, cree que le benefician a él y nada más que a él... Bueno, sobre todo a su ego de justiciero maltratado e incomprendido.


Atlético de Madrid: el equipo más extraordinario del mundo

Resulta duro para un madridista escribir hoy este artículo, pero creo que la ocasión histórica lo merece. En primer lugar, he de aclarar que cuando digo extraordinario no me refiero a que el Atlético sea el mejor equipo del mundo, ni el más grande, ni el que tiene la mejor afición. El mejor equipo es el Barça, el más grande el Real Madrid y hay decenas de aficiones, tanto en España como en Europa, mejores que la del Atleti (¡Kiko cojo, muérete!). Por mucho que ellos quieran convencerse de lo contrario.

Cuando digo extraordinario me refiero a que este equipo es capaz de hacer las cosas más extrañas, inesperadas e inverosímiles del mundo del fútbol. Tanto para lo bueno como para lo malo. Por ejemplo, son capaces de perder la Copa de Europa en el tiempo de descuento, cuando los jugadores ya celebraban el triunfo sobre el campo, encajando un gol desde casi 40 metros de distancia. Y de ganar su título internacional más prestigioso, la Intercontinental, precisamente porque el Bayern de Munich, equipo que le derrotó en aquella final de triste recuerdo, rechazó jugar el torneo.

O de ganar la Europa League con un equipo totalmente en ruinas. Clasificándose para la competición porque en la primera fase de la Champions, teniendo un grupo más que asequible, quedaron terceros sumando tan solo dos puntos. El Atleti no quedó cuarto porque, a pesar de empatar a puntos y perder el goal-average particular contra el temible Apoel de Nicosia, habían empatado a uno en Chipre y a cero en el Calderón. Ese mismo día lo dije: el Atleti va a ganar la Europa League. Muchos atléticos me tomaron por loco. O directamente por tonto. Yo creo que lo supe, simplemente, porque las cosas se observan con mejor perspectiva cuando lo haces desde fuera. Y es que muchos indios aún no son totalmente conscientes de lo que realmente tienen entre sus manos. 

Y con respecto al Madrid. Bueno, qué decir con respecto al Madrid. Hablamos de un equipo que solo ha ganado tres veces al Madrid en los últimos 15 años. Las dos últimas hasta ayer fueron en la temporada 1999/2000. El resultado fue que el Atleti bajó a Segunda División con el que probablemente era el mejor equipo que había tenido en toda su Historia (Ayala, Gamarra, Baraja, Solari, Kiko, Valerón, Hasselbaink...). Y unos días después de confirmarse su descenso a la categoría de plata, perder la final de la Copa del Rey porque a su portero le roban un balón de las manos (por cierto, hasta ayer, el Atleti había perdido las cuatro últimas finales de Copa que había disputado).

También ha habido tiempo para momentos antológicamente graciosos. Como aquella temporada 2006/2007. La de la Segunda Liga de Capello. Cuando el Madrid se jugaba el título en las últimas jornadas contra el alicaído Barça de Rijkaard. "Ojalá perdamos, para joderles la Liga a los vikingos", decía gran parte de la afición rojiblanca los días previos a su encuentro frente al FC Barcelona. Y vaya si perdieron. Se llevaron 6 en el Calderón. El Madrid de Capello ganó la Liga más emocionante de la última década. Y el Atleti se quedó fuera de la Champions por dos puntos. Los que hubiera sumado de haberle ganado al Barça aquel partido que tanto querían perder.

La última, la del día 17 de mayo de 2013, quedará grabada para siempre en la memoria de la afición rojiblanca. Después de 14 años sin ganar al eterno rival (algo así como si el Madrid perdiera 14 finales de Copas de Europa consecutivas), intervalo de tiempo en el cual han encadenado ridículo tras ridículo a cada cual más grande, estos tipos van y le ganan el partido más importante de los últimos 30 que han disputado. El único en el que había un título en juego. Y encima en el Bernabéu (y ya van 4). Y para que su afición disfrute aún más de la victoria soñada, remontando el marcador. Y, por si fuera poco, con los dos mayores archienemigos, CR7 y Mourinho, de su archienemigo (valga la redundancia) por antonomasia, expulsados. La felicidad en estado puro. El orgasmo total.

No me hace feliz, pero en parte se lo merecen. Me alegro por ellos. Que disfruten de la Copa de su Majestad. Lo van a hacer mucho más que si la hubiéramos ganado nosotros.

Pero lo aviso desde ya mismo. Que no se confíen. No sería de extrañar que el año que viene echaran a Simeone en la jornada 15 por ir décimos en Liga. O incluso que bajaran a Segunda. El Atleti tiene esas cosas.

Están locos estos romanos (de la ribera del Manzanares).

Un Madrid sin ideas roza la gesta a base de casta

El Real Madrid tendrá que aplazar durante un año más el sueño de alcanzar la Décima Copa de Europa. Y ya van once, demasiados para la institución futbolística más rica (tanto por prestigio como económicamente) del planeta. La eliminación es más que justa si se considera el global de la eliminatoria y, a pesar de todo, el Madrid dispuso de serias opciones de dar la vuelta al adverso marcador que se trajo de Dortmund en aquella aciaga noche en la que Lewandowsky se coronó como uno de los mejores delanteros del mundo. 

El principal problema del Madrid es que no dispone de un plan más allá de su letal contraataque y la calidad extrema de la mayoría de sus jugadores. Ante defensas cerradas y equipos medianamente organizados sufre lo indecible. Todo ello quedó evidenciado en los dos partidos de octavos de final contra el Manchester United. Tal vez fue allí cuando el Madrid empezó a perder esta Copa de Europa. Cuando le mostró al mundo entero todas sus carencias. Al igual que en la eliminatoria contra los diablos rojos, ayer el equipo careció, una vez más, de ideas. Las tres clarísimas oportunidades de las que dispuso durante los primeros quince minutos fueron mucho más producto de la enorme calidad de sus jugadores que de un plan de juego realmente efectivo. Higuain primero, Cristiano poco después y Ozil al rato mandaron al limbo las escasas opciones de remontada. Marcar en los primeros minutos del partido resulta clave cuando se pretende realizar una gesta de tal calibre como es ganar por 3-0 en unas semifinales de Champions. Los errores no solo cortaron las alas al Madrid, sino que dieron impulso al Borussia, que tuvo la sensación de que lo peor había pasado y habían salido indemnes y sin un rasguño en la coraza.  

A partir de ese momento fue cuando más se demostraron las debilidades de este Madrid, que no volvió a gozar de oportunidades claras hasta los últimos 20 minutos de partido. Cada jugador, especialmente Di María que a la mínima ocasión se lanzaba como un rayo contra la nada, hacía la guerra por su cuenta. Cristiano, tal vez no recuperado aún totalmente de las molestias que le hicieron ser duda hasta el último momento, estuvo muy desacertado durante todo el partido. Higuain no daba una a derechas. Y Ozil tampoco tuvo su mejor día. Solo Modric, una máquina de recuperar balones, y Ramos, una vez más un muro defensivo, mantuvieron un altísimo nivel durante todo el encuentro. Además de Diego López, que estuvo soberbio una vez más. Pero ayer lo que le hacían falta al Madrid eran goles. Y sus delanteros no estaban finos. Mientras, el Borussia a lo suyo. Una vez pasada la avalancha, le bastó con estar ordenadito mientras que sus centrales se hartaban a despejar balones colgados sin el más mínimo sentido.

Pero si hay algo que caracteriza al Madrid es su infatigable lucha en pos de la victoria... salvo lamentables excepciones como el partido de Dortmund. Empujado por un Bernabeu que, pese a todo, seguía mostrando esperanza en la remontada, se lanzó a degüello a lo que ya parecía más un acto de fé en busca del milagro que una posibilidad real. Los últimos 20 minutos del equipo fueron ejemplares, más por la actitud que por el juego en sí. Así, las ocasiones comenzaron a llegar una detrás de otra. Pero la pelota se empeñaba en no entrar. Hasta que Benzema acertó a empujarla a la red en el minuto 81. Ramos hacía el segundo solo tres minutos después. El Madrid llegaba a la recta final del partido en la situación soñada: a falta de un gol para el pase a la final, con un subidón de adrenalina, un estadio enloquecido que, ahora sí, intuía que la gesta estaba al alcance de la mano, y un Borussia acogotado y, seguramente, con el recuerdo grabado a fuego en la memoria de cómo había eliminado al Málaga en cuartos, anotando dos goles en el tiempo de descuento. Son las cosas del fútbol. Las cosas que le convierten en el deporte rey.  

Sin embargo el milagro no se consumó. El arreón final no fue suficiente para compensar una eliminatoria mejor jugada por el Borussia, que alcanzó merecidamente y por segunda vez en su Historia una final de Champions. Un tapado que, a falta de conocer lo que ocurra hoy entre Bayern y Barcelona, será la cenicienta de la final. También lo era en 1997... y derrotó a la todopoderosa Juventus de un tal Zinedine Zidane. 
   

Dos colosos y un gigante

Barcelona-Madrid. Madrid-Barcelona. Los dos grandes colosos del fútbol mundial ofrecieron ayer, como viene siendo habitual en sus últimos enfrentamientos, un espectáculo futbolístico realmente extraordinario. El partido discurrió durante los 90 minutos tal y como comenzó, es decir, con un ritmo trepidante. En el primer minuto de juego Ronaldo cabalgó hacia el área blaugrana y Piqué le zancadilleó apenas diez centímetros antes de que el portugués se introdujera en esta. Amarilla para el central, que quedaba muy expuesto durante el resto del partido. El catalán no solo no se arrugó, sino que realizó un partido memorable. El tiro libre de Ronaldo lo sacó Pinto con una gran parada. Era solo el comienzo de lo que se avecinaba.

Y es que, unos por la tremenda calidad que atesoran y otros (recordemos que el Madrid contaba con cinco importantes bajas), quizá espoleados por los grandes jugadores de los que se encontraban rodeados, ofrecieron su mejor versión (excepto, tal vez, un Callejón un tanto desacertado). Pero todos ellos quedaron eclipsados por el auténtico protagonista de la noche que, ironías de la vida, no fue ninguna de las dos mega estrellas: ni Cristiano ni Messi disputaron ayer su mejor partido. Tampoco lo fue Iniesta, pese a realizar un encuentro antológico. No solo resultó prácticamente imposible robarle un solo balón sino que, a la mínima oportunidad, el albaceteño filtraba sutiles pases capaces de dejar a sus compañeros solos delante del portero rival. Ni Ozil, que se encuentra en un estado de forma excepcional. Ni siquiera Diego López, quien finalmente se hizo con la titularidad, y que realizó tres intervenciones decisivas que salvaron al Madrid del desastre. Algo que, por cierto, deja en muy mal lugar a Mourinho. Si Adán estaba tan bien como para arrebatarle la titularidad a Casillas, ¿cómo es posible que no esté por encima del que, hasta ahora, era el portero suplente del Sevilla? El caso es que el privilegio de ser el jugador más destacado del partido que a día de hoy es capaz de reunir más calidad sobre un terreno de juego, fue para el francés Raphael Varane.

El central venía apuntando unas magníficas maneras desde que aterrizó en el Madrid hace poco más de año y medio. Pero ayer, a sus 19 años y en su primer partido grande como titular, demostró que es el central del futuro. Alto, extremadamente rápido, brillante y valiente al corte, siempre bien colocado, siempre atento al tirar el fuera de juego y, por si fuera poco, excelente cabeceador, tal y como demostró en el gol del empate, un cabezazo picado y potente prácticamente desde el punto de penalty. Y ello cuando el partido ya casi agonizaba y el Madrid se veía abocado a jugar un encuentro de vuelta que se presentaba, como poco, muy cuesta arriba. Se puede decir que, gracias a Varane, tanto por su gol como por su excelente labor defensiva (salvó un tanto en la misma línea de gol tras un clamoroso error de Carvalho), la eliminatoria aún sigue abierta.

A lo largo del encuentro, cada equipo fue capaz de utilizar a la perfección sus mejores armas: el Barça con un dominio de la pelota basado en unos centrocampistas celestiales que se permitían el lujo de jugar rondos a toda velocidad pese a estar totalmente rodeados de rivales. El Real Madrid realizando una presión axfisiante, aprovechando su superioridad física para tratar de impedir lo que para cualquier otro equipo es casi una quimera, el baile de los blaugranas; robando balones que, automáticamente, se convertían en peligro inminente de gol.

El Madrid disfrutó de más oportunidades, pero el Barça dispuso de las más claras. Pedrito y Jordi Alba, este en dos ocasiones, erraron tras quedarse completamente solos delante de Diego López, mientras que Xavi estrelló un magistral lanzamiento de falta contra el larguero. Solo Cesc fue capaz de acertar ante la portería rival, tras una cesión de Messi, después de un defectuoso despeje de Callejón. El Barcelona tuvo más tiempo el balón, pero el Madrid supo mejor lo que debía hacer con él. Además, el equipo blanco tuvo el mérito de no arrugarse cuando tenía todo en contra. Así, el gol de Varane no solo hizo justicia, sino que garantiza otro vibrante partido dentro de cuatro semanas (el que elaboró el calendario merece un premio) en el Nou Camp, que decidirá el finalista de Copa. Por lo visto ayer, cualquiera de los dos lo merecerá.

El Madrid nunca se rinde

JORNADA 33 DE LIGA
REAL MADRID 2 - VALENCIA 0
4 de abril de 2010
El Madrid no dejó pasar su oportunidad de reengancharse a la Liga y aprovechó el inesperado tropiezo del Barça ante el Espanyol para situarse a un solo punto de los azulgrana. El campeonato se pone al rojo vivo a falta de sólo cinco jornadas para su conclusión. Y es que, si algo no se le puede reprochar al equipo blanco es su admirable capacidad de lucha. Tras el varapalo de la semana pasada contra el Barça, que prácticamente sentenciaba el campeonato, ha sabido reponerse con dos meritorios partidos. Todo lo contrario que en la campaña anterior cuando, tras la humillación sufrida en el Bernabéu ante el conjunto blaugrana, se dejó ir en la Liga, hasta completar un final de curso absolutamente lamentable. El actual Madrid, comandado por el siempre infatigable Cristiano Ronaldo, no sabe rendirse y, pese a lo complicado (casi imposible) del reto, parece dispuesto a obligar a su máximo rival a ganar todos los partidos restantes si quiere alzarse con el título. En este aspecto, la casta del equipo blanco es encomiable.

Frente al Valencia, los de Pellegrini gobernaron el partido con autoridad, sometieron al conjunto ché a una asfixiante presión, se adueñaron del balón desde el primer minuto, combinaron con inteligencia, dispusieron de numerosas y clarísimas ocasiones de gol y sólo la falta de puntería de los delanteros blancos evitó una goleada de escándalo. Fueron dos pero pudieron ser seis. A todo ello también colaboró el Valencia, que saltó al césped del Bernabéu como el que sale a dar un paseo por el campo. Careció de carácter el conjunto valencianista, que no jugaba a nada, pero que tampoco mordía en el centro del campo, permitiendo jugar a placer a los medios blancos. Un error fenomenal cuando enfrente tienes a Guti y Alonso, ayer, además, muy bien auxiliados por Gago y Van der Vaart. Pese a ello, el Madrid perdonó lo imperdonable en el primer tiempo y el Valencia tuvo un par de clarísimas oportunidades para reengancharse al partido. La superioridad del Madrid era abrumadora pero, como ante el Lyon, no sentenciaba y corría el riesgo de echar a perder su excelente trabajo en una jugada aislada.

Gran parte del mérito de que los de Chamartín estén metiendo tanta presión al Barça es de su excelente sistema defensivo. Los centrales (ayer Ramos y Albiol) juegan adelantadísimos, estrechando el campo para incomodar la salida del contrario, y las oportunidades rivales en cada partido se suelen contar con los dedos de una mano. Por si fuera poco, Guti realizó otro gran encuentro, ayudando a Xabi Alonso a manejar los hilos en el medio del campo, laborioso en la presión, incisivo en el pase en profundidad y comprometido con el equipo. De un robo de balón del 14, que culminó con una sensacional asistencia a Higuain, llegó el primer gol. Al pase con el exterior de Guti, respondió el Pipita con una excelente maniobra para plantarse ante César. Solo ante el portero, el argentino definió con la maestría con la que lleva haciéndolo toda la temporada. Suma ya 25 goles, a sólo dos de Messi. Y eso que el argentino perdonó otras dos clarísimas ocasiones: una en la que no pudo culminar la acción tras regatear al portero y quedar un tanto escorado, y un mano a mano con César en el que picó la pelota, que se fue tan sólo unos centímetros por encima del larguero.

Los blancos bajaron el pistón en el segundo tiempo y el Valencia tomó algo de aire. Combinó un poco más y logró frenar la marabunta de acometidas del Madrid, pero tanto Silva como Villa y Mata pasaron totalmente desapercibidos. La única aportación destacable del temible trío valencianista fue un trallazo del canario Silva a la mismísima escuadra y un par de intentos del Guaje que se fueron al limbo. Muy poco bagaje para asustar a un Madrid que, en días como el de ayer, resulta intratable. De momento, hay Liga.

El valor de ser un buen equipo

JORNADA 23 DE LIGA
REAL MADRID 6 - VILLARREAL 2
21 de febrero de 2010

Este Real Madrid es un gran equipo. En ocasiones, como anoche en el Bernabéu ante el Villarreal, un grandísimo equipo. Y mucha parte del mérito la tiene su técnico, Manuel Pellegrini. Independentientemente de que el entrenador chileno haya podido cometer errores puntuales a lo largo de la temporada (la cantada de Alcorcón, la inclusión de Diarra en el once titular ante el Lyon...), lo cierto es que ha logrado armar un gran equipo. Un conjunto que sabe a lo que juega. Con la línea defensiva muy adelantada y segura, que domina claramente la posesión girando en torno a un Xabi Alonso que se asocia de lujo con sus pretorianos (especialmente con Granero), con una delantera directa e incisiva que, por si fuera poco, está sobrada de calidad y contundencia. Y eso que a Kaka, pese a sus dos goles de ayer, aún se le espera.

El enorme valor de todo ello es que, pocas veces en los últimos 15 años el Madrid ha contado con un buen equipo, en el más amplio significado de la palabra. La primera temporada de Valdano, varios (bastantes) tramos con Del Bosque...y poco más. La mayor parte de esta última década y media, ha sido una colección de grandes figuras que ganaba partidos por pura inercia, pero que no tenía un plan para afrontar los grandes retos. En muchas ocasiones, como con Capello o Luxemburgo, el plan era cicatero, aburrido, impropio de la grandeza del club. Por eso no se entienden las desproporcionadas críticas de ciertos sectores del madridismo hacia Pellegrini.

Ahora no, ahora el Madrid es una cosa muy seria. Lo ha demostrado con sus grandes victorias en Liga (en Mestalla o Riazor) y, sobre todo, con su regularidad en una competición en la que le aguanta el pulso al todopoderoso y brillante Barça de Guardiola. Y eso, tiene mucho mérito. Es cierto que aún faltan algunos detalles por pulir: en ocasiones el equipo se parte demasiado, en otras se obceca con atacar por el centro, lo que dificulta el asalto a defensas muy cerradas y ordenadas. Pero esos errores son más fáciles de disimular cuando hay un plan colectivo.

El portugués dedicó su tanto a las víctimas de las inundaciones de Madeira

Además, tiene dinamita. Y a Cristiano Ronaldo, un jugador superlativo que, seguramente herido en su orgullo por el pinchazo del martes ante el Lyon, ayer se echó el equipo a la espalda y dió un recital: marcó un golazo, repartió dos asistencias (una de ellas, la del quinto tanto, obra de Kaka, súblime), provocó un penalty y ofreció un sensacional derroche de fuerza y energía. El caso es que, todavía estaban tanteándose los equipos sobre el campo, cuando los blancos lanzaron dos golpes que dejaron KO al rival. Primero fue Cristiano, que soltó un misil de libre directo a la escuadra de Diego López. Un minuto después, tras una gran acción colectiva, penalti sobre Higuain que transforma Kaka. En un periquete, los blancos tenían medio solucionado el partido. Senna acortó distancias con un magistral lanzamiento de falta diez minutos después.

A partir de ahí, sólo hubo un equipo en el campo. El Madrid encerró al Villarreal en su área. Y lo hizo a base de fútbol, de fútbol de alta escuela. Con rápidas e inteligentes combinaciones comandadas por un genial Alonso; vertical y veloz cuando la situación lo requería; alternando las paredes en la frontal del área con las aperturas a las bandas para la llegada de los incisivos laterales (ayer Arbeloa y Marcelo). Así fueron llegando multitud de clarísimas ocasiones. El Madrid marcó el tercero al poco de la reanudación. El Villarreal, en una contra finalizada con una magnífica sucesión de paredes dentro del área, puso el 3-2, incomprensible a todas luces. Al Madrid le dió igual, siguió a lo suyo y con una cascada de fútbol le hizo un seis a los amarillos. Podrían haber sido diez.

Lo cierto es que el Madrid parece andar por la senda correcta y, si enormes despistes como el día del Lyon no lo impiden, debería estar presto para luchar de tú a tú contra los más grandes equipos del continente. Es la ventaja de ser, por fin, un buen equipo.

Un Madrid incapaz resucita sus fantasmas

PARTIDO DE IDA DE OCTAVOS DE FINAL DE LIGA DE CAMPEONES.
O. LYON 1 - REAL MADRID 0
16 de febrero de 2010



Regresaba el Real Madrid al estadio de Gerland, escenario de algunas de sus noches más negras en Europa en la última década. Lo hacía en los octavos de final de la Champions, eliminatoria también maldita para los de Chamartín en los últimos cinco años. Y los blancos volvieron a naufragar, resucitando los fantasmas de sus peores pesadillas. Pero esta vez con varios agravantes. Este ya no era el equipo envejecido y paquidérmico de las últimas campañas. Era el de las grandes figuras. Era el club que había revolucionado el panorama futbolístico este verano, desembolsando cientos de millones de polémicos euros para atraer a las figuras más rutilantes del universo futbolístico. El Madrid de Cristiano, de Kaká, de Benzema, de Alonso... Dió igual. Las sensaciones fueron casi igual de pobres que las del año pasado, cuando fue barrido por el Liverpool de Torres y Gerrard. Solo que esta vez tuvo la suerte de que no había tanto equipo enfrente. Este Lyon tampoco es ya el sólido heptacampeón de la Liga francesa. Navega cuarto en el torneo local, tan lejos del líder que apenas cuenta con opciones de ganar un campeonato menor. Lo mismo dió.

El Madrid empezó enchufado, dispuesto a resolver una eliminatoria que no debía suponer mayores quebraderos de cabeza en su camino hacia el gran reto de la temporada, alzar la Décima en el Santiago Bernabeu. No trenzaba un juego maravilloso, pero daba una impresión de superioridad aplastante. La que se supone en un equipo que cuenta con 3 de los 10 mejores jugadores del mundo. Cristiano se gustaba, entre bicicletas, amagos y taconcitos. En uno de ellos estuvo a punto de llegar el primero de la noche. El portugués habilitó a Higuain que tal vez no se esperaba semejante delicatessen. Estuvo lento el argentino (como toda la noche) y los dos centrales del Lyon se le echaron encima antes de que pudiera rematar. Mientras tanto, los franceses sólo se acercaban al área de Casillas con un juego muy directo pero carente de peligro.

En estas, llegó la pájara del Madrid. Una de las antológicas. Como aquellas que sufría Indurain en sus mejores tiempos y que dejaban a la afición sin respiración. Sencillamente inexplicables. A partir del minuto 35, el equipo dejó de existir. No se sabe muy bien cómo ocurrió. La cuestión es que cada pase era cada vez más calamitoso. Cada intento de sacar el balón jugado acababa, irremisiblemente, en los pies de los jugadores del equipo francés. Y los franceses lo detectaron. Se lo vieron en los ojos. Como Pantani se lo veía a Indurain, la mirada perdida, la bicicleta abriéndose cada vez más hacia la cuneta. Y se lanzaron a degüello, convencidos de que había llegado su momento. De que esa era su oportunidad. De que cuando la bestia está herida hay que rematarla antes de que despierte. Y con la estrecha colaboración de todos y cada uno de los jugadores del Madrid, especialmente de sus figuras, contratadas para dar la talla en partidos como el de ayer, empezaron el asedio.

El internacional camerunés Jean Makoun anota el único gol del partido.

El respiro del descanso no solucionó en absoluto la situación. El Lyon salió en tromba y, a los dos minutos de la reanudación, Makoun soltó un trallazo que se coló por la escuadra izquierda de Casillas. Las peores pesadillas regresaban a la mente de los aficionados madridistas. El partido se volvió loco. El Madrid, incapaz de gobernar el encuentro, se lanzó a la desesperada. Pero, una vez más, abusando de las paredes por el centro, sin apenas mirar a las bandas. En la izquierda, muy estático toda la noche, recibía de vez en cuando Kaka. Hay que reconocerle al brasileño que, por lo menos, no se escondió. Pero cada control, cada intento de desborde, cada búsqueda de la portería contraria acababa siempre con el mismo resultado. Agua. Comienzan a acabarse las excusas con este jugador.

El Olympique esperaba atrás replegado, ordenado y muy atento, esperando para lanzar temibles contras que sentenciaran definitivamente el partido y quizás la eliminatoria. Higuain estuvo a punto de empatar en una acción aislada, un balón largo que ganó por velocidad, pero Lloris, el joven portero internacional francés, se la desbarató sacando una mano sensacional. Fue la última (y casi única) ocasión del Madrid en toda la segunda parte. Muy poco. Demasiado poco. Pellegrini buscó la reacción haciendo saltar al campo a Benzema, el hijo pródigo de la afición francesa, que regresaba al estadio que le vió nacer. La ovación fue estruendosa. Karim apenas tocó el balón. Cuando lo hizo fue para devolvérselo a sus ex compañeros.

Así pues, el Madrid se verá obligado a remontar en el Bernabeu si no quiere que gran parte de la temporada se vaya al traste. Sería un ridículo de los que hacen época. Para colmo de males Marcelo y Xabi Alonso, que vieron la amarilla, no podrán disputar el partido de vuelta por sanción. Si su equipo juega como hoy, poco importará.

Arbeloa desatasca al Madrid

JORNADA 22 DE LIGA
XEREZ 0 - REAL MADRID 3
13 de febrero de 2010

Le costó al Madrid mucho más de lo que se esperaba doblegar al colista de la Liga, el modestísimo Xerez. Una hora exactamente. Antes de que Arbeloa abriera la lata, el partido estaba tan atascado que la victoria de los blancos peligraba. Mala cosa cuando te enfrentas al último de la clasificación. Peor aún si lo que pretendes es recortarle puntos a un líder que apenas falla. Comenzó el Madrid dubitativo, impreciso y carente de intensidad. Tal vez con la cabeza puesta en el trascendental partido del martes frente al Lyon. Quizás confiado ante lo que se suponía un mero trámite frente un equipo casi desahuciado a Segunda. O, simplemente, incapaz de realizar su juego debido al lamentable estado del terreno de juego. La pelota, más que rodar, avanzaba a botecitos sobre el campo. Eso cuando no decidía, simplemente, tomar otra dirección. Debería estar prohibido jugar en campos así. Resulta nefasto para el espectáculo y el riesgo de lesiones se multiplica.

El caso es que el Madrid no funcionaba y el Xerez, valiente, llegó incluso a gozar de varias ocasiones. Se echaba de menos a Guti en el centro del campo. Lass estorbaba a Xabi más de lo que le ayudaba (incomprensible la decisión de Pellegrini de dejar en el banquillo a Van der Vaart en beneficio de un medio defensivo ante un rival tan débil), el fútbol no fluía y el embotellamiento era cada vez más considerable. Reaparecía Cristiano después de cumplir los dos partidos de sanción por el ya famoso codazo a Mtiliga, pero el portugués, pese a que lo intentaba, tampoco tenía su día más brillante. Ante la ausencia de fútbol, las mejores oportunidades del Madrid llegaron por arriba, precisamente con dos cabezazos de Ronaldo.

Con el paso de los minutos, el Xerez fue reculando y el Madrid comenzó a mandar claramente en el partido...pero jugaba a un ritmo excesivamente lento y atacando casi siempre por el centro. Los andaluces, muy ordenados, no sufrían en exceso. Precisamente en una de las pocas aperturas a la banda llegó el gol que desatascó el partido. Arbeloa apareció como una bala por la derecha, se presentó solo ante Renan, alzó la cabeza, y definió ajustado al palo con la sangre fría de los grandes delanteros. El rendimiento del canterano repescado del Liverpool está siendo excelente. Su rentabilidad máxima (costó sólo cuatro millones de euros). Todo lo contrario que Kaka. El brasileño, pese a las dos asistencias a Cristiano que sentenciaron el partido, sigue sin brillar y sin justificar el desembolso de 66 millones de euros realizado por él.
Ya con el partido de cara, todo fue coser y cantar para el Madrid. Con el Xerez abierto, Cristiano sacó a pasear el martillo pilón. Le bastaron dos minutos para sentenciar el partido con sendos tantos. Es increible la facilidad que tiene el portugués para golear. Cuando no se fabrica él mismo la jugada, aparece de la nada, indetectable para los defensas. Con los dos tantos ante el Xerez suma ya 15 goles en 16 partidos esta temporada. Asusta pensar cuántos llevaría si las lesiones le hubieran respetado. Se le podrán criticar muchas cosas (sus constantes aspavientos durante los partidos empiezan ya a poner nervioso al personal) pero, sin duda, este sí que justifica partido tras partido la millonada que costó.

Así pues, tras muchos apuros, los blancos se acostarán a sólo dos puntos del Barça, a la espera de que sus vecinos del Manzanares les echen mañana una mano.


P.D. Por cierto, señalar que al Madrid le birlaron un claro penalti por mano dentro del área. Otra excusa para que los amantes de las conspiraciones alimenten sus teorías una semana más. Pero de ese tema ya hablaré otro día con más tranquilidad.

El Madrid impone su velocidad de crucero

Si algo me gusta en esta vida es el periodismo deportivo. Es lo que soñaba con ser desde pequeñito. Por desgracia, hasta el momento nadie me ha dado la oportunidad de ejercerlo. Ellos se lo pierden ;)

El caso es que he decidido iniciar una serie de crónicas deportivas que abarcarán los acontecimientos deportivos más trascendentes de este 2010. Además, como buen madridista que soy, voy a tratar de hacer una crónica de todos los encuentros del conjunto blanco (aunque no prometo nada). Así juego un poco a ser Segurola, aver si las lee y me ficha para el MARCA. Empiezo la serie con el partido que disputaron ayer Real Madrid y Espanyol en el Santiago Bernabeu.


JORNADA 21 DE LIGA
REAL MADRID 3 - ESPANYOL 0
6 de febrero de 2010

El Real Madrid finiquitó su partido contra el Espanyol con una solvencia que empieza a ser rutinaria. Le bastó media hora de buen juego para despachar a un rival de medio pelo que en ningún momento dió la sensación de poder buscarle las cosquillas. Este Madrid cada día tiene mejor pinta. Pese a la derrota, el partido del Nou Camp supuso un punto de inflexión. Desde entonces, el equipo da la impresión de saber perfectamente a lo que juega. Y, salvo raras excepciones como contra Osasuna en el Reyno de Navarra, lo interpreta con maestría. Ha impuesto una velocidad de crucero con la que navega con paso firme por la Liga. Pese a las dudas de principio de temporada, este equipo ya parece perfectamente capacitado para afrontar retos de calado. Empezando por el apasionante pulso que se adivina contra el Barça en la lucha por el título de Liga.

A ello ha colaborado de forma indiscutible Xabi Alonso. El donostiarra, ya sea acompañado por Lass o en solitario, como en los últimos partidos, gobierna los encuentros con mano de hierro. Además, se encuentra perfectamente secundado por un centro del campo en el que predomina el toque y la calidad. Granero, cada día con más confianza, le aporta al equipo una dosis de capacidad de asociación que el equipo agradece. Mención especial merece el caso de Guti. El 14 volvió a jugar ayer un partido extraordinario. Si decide olvidarse de sus batallas contra el mundo y centrarse en lo que realmente sabe hacer, jugar al fútbol de cine, puede convertirse en un jugador crucial en lo que resta de temporada. Calidad y aptitudes le sobran. La actitud parece que también la ha encontrado.


Con semejantes mimbres es difícil no dominar los partidos con claridad. Ayer, el Espanyol fue un muñeco de trapo en manos de un Madrid que hizo con él lo que quiso. Antes de finalizar el primer tiempo ya había dispuesto de al menos media docena de claras oportunidades con las que debió sentenciar el partido. Raúl, de nuevo titular, estuvo en casi todas, en esta ocasión a base de cabezazos. De uno de ellos se aprovechó Kaka para hacer el segundo del Madrid. La edad le ha quitado muchas cosas, pero el eterno capitán las suple con ganas y esfuerzo. Todo lo contrario que Benzema. El francés pasó ayer totalmente inadvertido una vez más. Comienza a ser preocupante: la lesión de Higuain le dió la oportunidad de reivindicarse como el gran goleador que se supone que es. Y la ha desaprovechado. Por cierto, que el Pipita volvió, ya recuperado de su lesión, y le bastaron apenas unos minutos para hacer su golito de rigor. Ya van 12 en Liga...en 15 partidos. El acompañante de Cristiano en ataque tiene nombres y apellidos por méritos propios.

El Madrid bajó el pistón en la segunda parte y el Espanyol hizo un amago de querer volver a entrar en el partido. Fue en balde. A día de hoy, la diferencia entre uno y otro equipo es sideral. Un dato a destacar es que este Madrid ya ni siquiera parece notar las ausencias. En los últimos partidos le han faltado, por distintos motivos, varios de sus mejores jugadores: pese a las bajas de Pepe, Cristiano Ronaldo, Higuain o Van der Vaart, el equipo ha respondido con solidez y contundencia. En dos semanas vuelve la Champions. Ahí será cuando realmente se verá si este Madrid es, como parece, candidato a todo.