PARTIDO DE IDA DE OCTAVOS DE FINAL DE LIGA DE CAMPEONES.
O. LYON 1 - REAL MADRID 0
16 de febrero de 2010
Regresaba el Real Madrid al estadio de Gerland, escenario de algunas de sus noches más negras en Europa en la última década. Lo hacía en los octavos de final de la Champions, eliminatoria también maldita para los de Chamartín en los últimos cinco años. Y los blancos volvieron a naufragar, resucitando los fantasmas de sus peores pesadillas. Pero esta vez con varios agravantes. Este ya no era el equipo envejecido y paquidérmico de las últimas campañas. Era el de las grandes figuras. Era el club que había revolucionado el panorama futbolístico este verano, desembolsando cientos de millones de polémicos euros para atraer a las figuras más rutilantes del universo futbolístico. El Madrid de Cristiano, de Kaká, de Benzema, de Alonso... Dió igual. Las sensaciones fueron casi igual de pobres que las del año pasado, cuando fue barrido por el Liverpool de Torres y Gerrard. Solo que esta vez tuvo la suerte de que no había tanto equipo enfrente. Este Lyon tampoco es ya el sólido heptacampeón de la Liga francesa. Navega cuarto en el torneo local, tan lejos del líder que apenas cuenta con opciones de ganar un campeonato menor. Lo mismo dió.
El Madrid empezó enchufado, dispuesto a resolver una eliminatoria que no debía suponer mayores quebraderos de cabeza en su camino hacia el gran reto de la temporada, alzar la Décima en el Santiago Bernabeu. No trenzaba un juego maravilloso, pero daba una impresión de superioridad aplastante. La que se supone en un equipo que cuenta con 3 de los 10 mejores jugadores del mundo. Cristiano se gustaba, entre bicicletas, amagos y taconcitos. En uno de ellos estuvo a punto de llegar el primero de la noche. El portugués habilitó a Higuain que tal vez no se esperaba semejante delicatessen. Estuvo lento el argentino (como toda la noche) y los dos centrales del Lyon se le echaron encima antes de que pudiera rematar. Mientras tanto, los franceses sólo se acercaban al área de Casillas con un juego muy directo pero carente de peligro.
En estas, llegó la pájara del Madrid. Una de las antológicas. Como aquellas que sufría Indurain en sus mejores tiempos y que dejaban a la afición sin respiración. Sencillamente inexplicables. A partir del minuto 35, el equipo dejó de existir. No se sabe muy bien cómo ocurrió. La cuestión es que cada pase era cada vez más calamitoso. Cada intento de sacar el balón jugado acababa, irremisiblemente, en los pies de los jugadores del equipo francés. Y los franceses lo detectaron. Se lo vieron en los ojos. Como Pantani se lo veía a Indurain, la mirada perdida, la bicicleta abriéndose cada vez más hacia la cuneta. Y se lanzaron a degüello, convencidos de que había llegado su momento. De que esa era su oportunidad. De que cuando la bestia está herida hay que rematarla antes de que despierte. Y con la estrecha colaboración de todos y cada uno de los jugadores del Madrid, especialmente de sus figuras, contratadas para dar la talla en partidos como el de ayer, empezaron el asedio.
El internacional camerunés Jean Makoun anota el único gol del partido.
El respiro del descanso no solucionó en absoluto la situación. El Lyon salió en tromba y, a los dos minutos de la reanudación, Makoun soltó un trallazo que se coló por la escuadra izquierda de Casillas. Las peores pesadillas regresaban a la mente de los aficionados madridistas. El partido se volvió loco. El Madrid, incapaz de gobernar el encuentro, se lanzó a la desesperada. Pero, una vez más, abusando de las paredes por el centro, sin apenas mirar a las bandas. En la izquierda, muy estático toda la noche, recibía de vez en cuando Kaka. Hay que reconocerle al brasileño que, por lo menos, no se escondió. Pero cada control, cada intento de desborde, cada búsqueda de la portería contraria acababa siempre con el mismo resultado. Agua. Comienzan a acabarse las excusas con este jugador.
El Olympique esperaba atrás replegado, ordenado y muy atento, esperando para lanzar temibles contras que sentenciaran definitivamente el partido y quizás la eliminatoria. Higuain estuvo a punto de empatar en una acción aislada, un balón largo que ganó por velocidad, pero Lloris, el joven portero internacional francés, se la desbarató sacando una mano sensacional. Fue la última (y casi única) ocasión del Madrid en toda la segunda parte. Muy poco. Demasiado poco. Pellegrini buscó la reacción haciendo saltar al campo a Benzema, el hijo pródigo de la afición francesa, que regresaba al estadio que le vió nacer. La ovación fue estruendosa. Karim apenas tocó el balón. Cuando lo hizo fue para devolvérselo a sus ex compañeros.
Así pues, el Madrid se verá obligado a remontar en el Bernabeu si no quiere que gran parte de la temporada se vaya al traste. Sería un ridículo de los que hacen época. Para colmo de males Marcelo y Xabi Alonso, que vieron la amarilla, no podrán disputar el partido de vuelta por sanción. Si su equipo juega como hoy, poco importará.
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