A raíz de la serie de post que empecé a escribir la semana pasada bajo el título de, "Así destruyó ZP España", me ha venido a la cabeza una gran duda metafísica. ¿Me estaré sobrepasando en mis apreciaciones? En primer lugar señalar que, como buen periodista, siempre procuro buscar la objetividad. En segundo que, como buen ser humano (y más tratándose de uno que escribe un blog), sé de antemano que eso es imposible. La cuestión es que no pretendo convertir estas reflexiones en un nicho de sectarismo, demagogia y populismo (al menos, no más de lo permisible). Tampoco pretendo defender todas y cada una de las políticas de Zapatero (pues es evidente que el Presidente está muy lejos de la perfección como político). Ni demonizar todos los actos del Partido Popular, si bien sus líneas de pensamiento ideológico están en las antípodas de las mías.
Una vez aclarado esto, trataré de justificar el por qué de esta serie de ensayos irónico-filosóficos.
1) porque estoy en mi derecho a ello, ya que no escribo para ningún medio independiente, por lo que no estoy obligado a regirme por el principio de objetividad y servicio público del que deberían hacer gala todos los medios de comunicación.
2) porque la irresponsabilidad de los principales dirigentes de la oposición (y sus medios afines) durante estos años, traspasó de largo todas las líneas rojas de la libertad de expresión y el derecho a la crítica. Una cosa es oponerse firmemente a la negociación con una banda terrorista, o al proceso de desarrollo de los Estatutos, y otra muy diferente acusar al Gobierno de tu nación de compadrear con terroristas, promover Golpes de Estado o pretender la destrucción de España. Porque, por desgracia, hay mucha gente que se lo cree.
Es por ello por lo que continuaré con esta serie de artículos: primero, para expulsar toda la rabia que acumulé durante los cuatro últimos años de Aznarato y los cuatro primeros de la era pos-Aznar-pero ahí sigo por detrás moviendo los hilos (que largo el nombre de esta época); segundo, porque me da la gana; tercero, porque creo que es justo que no se olvide todo lo que pasó y la gravedad de esos actos.
Y es que, por mucho que el PSOE haya hecho por recuperarla, desafortunadamente, en muchas ocasiones este país se caracteriza por su falta de memoria histórica.

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