JORNADA 23 DE LIGA
REAL MADRID 6 - VILLARREAL 2
21 de febrero de 2010
Este Real Madrid es un gran equipo. En ocasiones, como anoche en el Bernabéu ante el Villarreal, un grandísimo equipo. Y mucha parte del mérito la tiene su técnico, Manuel Pellegrini. Independentientemente de que el entrenador chileno haya podido cometer errores puntuales a lo largo de la temporada (la cantada de Alcorcón, la inclusión de Diarra en el once titular ante el Lyon...), lo cierto es que ha logrado armar un gran equipo. Un conjunto que sabe a lo que juega. Con la línea defensiva muy adelantada y segura, que domina claramente la posesión girando en torno a un Xabi Alonso que se asocia de lujo con sus pretorianos (especialmente con Granero), con una delantera directa e incisiva que, por si fuera poco, está sobrada de calidad y contundencia. Y eso que a Kaka, pese a sus dos goles de ayer, aún se le espera.
El enorme valor de todo ello es que, pocas veces en los últimos 15 años el Madrid ha contado con un buen equipo, en el más amplio significado de la palabra. La primera temporada de Valdano, varios (bastantes) tramos con Del Bosque...y poco más. La mayor parte de esta última década y media, ha sido una colección de grandes figuras que ganaba partidos por pura inercia, pero que no tenía un plan para afrontar los grandes retos. En muchas ocasiones, como con Capello o Luxemburgo, el plan era cicatero, aburrido, impropio de la grandeza del club. Por eso no se entienden las desproporcionadas críticas de ciertos sectores del madridismo hacia Pellegrini.
Ahora no, ahora el Madrid es una cosa muy seria. Lo ha demostrado con sus grandes victorias en Liga (en Mestalla o Riazor) y, sobre todo, con su regularidad en una competición en la que le aguanta el pulso al todopoderoso y brillante Barça de Guardiola. Y eso, tiene mucho mérito. Es cierto que aún faltan algunos detalles por pulir: en ocasiones el equipo se parte demasiado, en otras se obceca con atacar por el centro, lo que dificulta el asalto a defensas muy cerradas y ordenadas. Pero esos errores son más fáciles de disimular cuando hay un plan colectivo.
El portugués dedicó su tanto a las víctimas de las inundaciones de Madeira
A partir de ahí, sólo hubo un equipo en el campo. El Madrid encerró al Villarreal en su área. Y lo hizo a base de fútbol, de fútbol de alta escuela. Con rápidas e inteligentes combinaciones comandadas por un genial Alonso; vertical y veloz cuando la situación lo requería; alternando las paredes en la frontal del área con las aperturas a las bandas para la llegada de los incisivos laterales (ayer Arbeloa y Marcelo). Así fueron llegando multitud de clarísimas ocasiones. El Madrid marcó el tercero al poco de la reanudación. El Villarreal, en una contra finalizada con una magnífica sucesión de paredes dentro del área, puso el 3-2, incomprensible a todas luces. Al Madrid le dió igual, siguió a lo suyo y con una cascada de fútbol le hizo un seis a los amarillos. Podrían haber sido diez.
Lo cierto es que el Madrid parece andar por la senda correcta y, si enormes despistes como el día del Lyon no lo impiden, debería estar presto para luchar de tú a tú contra los más grandes equipos del continente. Es la ventaja de ser, por fin, un buen equipo.

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