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Un Madrid sin ideas roza la gesta a base de casta

El Real Madrid tendrá que aplazar durante un año más el sueño de alcanzar la Décima Copa de Europa. Y ya van once, demasiados para la institución futbolística más rica (tanto por prestigio como económicamente) del planeta. La eliminación es más que justa si se considera el global de la eliminatoria y, a pesar de todo, el Madrid dispuso de serias opciones de dar la vuelta al adverso marcador que se trajo de Dortmund en aquella aciaga noche en la que Lewandowsky se coronó como uno de los mejores delanteros del mundo. 

El principal problema del Madrid es que no dispone de un plan más allá de su letal contraataque y la calidad extrema de la mayoría de sus jugadores. Ante defensas cerradas y equipos medianamente organizados sufre lo indecible. Todo ello quedó evidenciado en los dos partidos de octavos de final contra el Manchester United. Tal vez fue allí cuando el Madrid empezó a perder esta Copa de Europa. Cuando le mostró al mundo entero todas sus carencias. Al igual que en la eliminatoria contra los diablos rojos, ayer el equipo careció, una vez más, de ideas. Las tres clarísimas oportunidades de las que dispuso durante los primeros quince minutos fueron mucho más producto de la enorme calidad de sus jugadores que de un plan de juego realmente efectivo. Higuain primero, Cristiano poco después y Ozil al rato mandaron al limbo las escasas opciones de remontada. Marcar en los primeros minutos del partido resulta clave cuando se pretende realizar una gesta de tal calibre como es ganar por 3-0 en unas semifinales de Champions. Los errores no solo cortaron las alas al Madrid, sino que dieron impulso al Borussia, que tuvo la sensación de que lo peor había pasado y habían salido indemnes y sin un rasguño en la coraza.  

A partir de ese momento fue cuando más se demostraron las debilidades de este Madrid, que no volvió a gozar de oportunidades claras hasta los últimos 20 minutos de partido. Cada jugador, especialmente Di María que a la mínima ocasión se lanzaba como un rayo contra la nada, hacía la guerra por su cuenta. Cristiano, tal vez no recuperado aún totalmente de las molestias que le hicieron ser duda hasta el último momento, estuvo muy desacertado durante todo el partido. Higuain no daba una a derechas. Y Ozil tampoco tuvo su mejor día. Solo Modric, una máquina de recuperar balones, y Ramos, una vez más un muro defensivo, mantuvieron un altísimo nivel durante todo el encuentro. Además de Diego López, que estuvo soberbio una vez más. Pero ayer lo que le hacían falta al Madrid eran goles. Y sus delanteros no estaban finos. Mientras, el Borussia a lo suyo. Una vez pasada la avalancha, le bastó con estar ordenadito mientras que sus centrales se hartaban a despejar balones colgados sin el más mínimo sentido.

Pero si hay algo que caracteriza al Madrid es su infatigable lucha en pos de la victoria... salvo lamentables excepciones como el partido de Dortmund. Empujado por un Bernabeu que, pese a todo, seguía mostrando esperanza en la remontada, se lanzó a degüello a lo que ya parecía más un acto de fé en busca del milagro que una posibilidad real. Los últimos 20 minutos del equipo fueron ejemplares, más por la actitud que por el juego en sí. Así, las ocasiones comenzaron a llegar una detrás de otra. Pero la pelota se empeñaba en no entrar. Hasta que Benzema acertó a empujarla a la red en el minuto 81. Ramos hacía el segundo solo tres minutos después. El Madrid llegaba a la recta final del partido en la situación soñada: a falta de un gol para el pase a la final, con un subidón de adrenalina, un estadio enloquecido que, ahora sí, intuía que la gesta estaba al alcance de la mano, y un Borussia acogotado y, seguramente, con el recuerdo grabado a fuego en la memoria de cómo había eliminado al Málaga en cuartos, anotando dos goles en el tiempo de descuento. Son las cosas del fútbol. Las cosas que le convierten en el deporte rey.  

Sin embargo el milagro no se consumó. El arreón final no fue suficiente para compensar una eliminatoria mejor jugada por el Borussia, que alcanzó merecidamente y por segunda vez en su Historia una final de Champions. Un tapado que, a falta de conocer lo que ocurra hoy entre Bayern y Barcelona, será la cenicienta de la final. También lo era en 1997... y derrotó a la todopoderosa Juventus de un tal Zinedine Zidane. 
   

Rafa ha vuelto

Vale, que es solo una primera ronda del Viña del Mar (un torneo 250) y contra el 128 del mundo, pero después de siete eternos meses en los que he sufrido de lo lindo (la derrota en Wimbledon, ya muy tocado, contra el ya célebre Rosol, las ausencias en el US Open y en Australia... aunque lo de que no pudiera disputar los Juegos me jodió especialmente... más por la ilusión que le hacía ser el abanderado español que por la medalla que casi nos garantizaba) el mono comenzaba ya a ser tan importante que cualquier cosa me valía.

Le ha costado entrar en calor (como es habitual en él, más aún en esta situación, después de tanto tiempo parado); cuando he logrado conectar el partido (según mi abuelo lo echaban en Teledeporte... Dios, como están las cabezas ya...) perdía 2-1 y le habían roto el saque... pero en seguida se ha desatado el huracán Nadal. A partir de ese momento, un parcial de 11-3 y a descansar, que mañana hay más. Es lo que tiene ser el mejor jugador de la Historia sobre tierra batida (bueno, el mejor jugador de la Historia sobre una sola superficie, porque ni siquiera Federer en hierba ha mostrado tal superioridad). Nadal podría vencer un Masters 1000 en tierra aunque estuviera cojo; el Viña del Mar lo debería ganar cojo, con una mano atada a la espalda y los ojos vendados. Lamento el menosprecio hacia los rivales, pero por lo visto en los últimos ocho años, la cosa funciona tal que así.

Y ya está. Esto es todo lo que quería decir. Seguramente no sea la entrada más trascendental de este blog. Pero me apetecía escribirla. De hecho, necesitaba escribirla. Y es que estoy de celebración. Rafael Nadal ha vuelto. Que tiemble el mundo.

Dos colosos y un gigante

Barcelona-Madrid. Madrid-Barcelona. Los dos grandes colosos del fútbol mundial ofrecieron ayer, como viene siendo habitual en sus últimos enfrentamientos, un espectáculo futbolístico realmente extraordinario. El partido discurrió durante los 90 minutos tal y como comenzó, es decir, con un ritmo trepidante. En el primer minuto de juego Ronaldo cabalgó hacia el área blaugrana y Piqué le zancadilleó apenas diez centímetros antes de que el portugués se introdujera en esta. Amarilla para el central, que quedaba muy expuesto durante el resto del partido. El catalán no solo no se arrugó, sino que realizó un partido memorable. El tiro libre de Ronaldo lo sacó Pinto con una gran parada. Era solo el comienzo de lo que se avecinaba.

Y es que, unos por la tremenda calidad que atesoran y otros (recordemos que el Madrid contaba con cinco importantes bajas), quizá espoleados por los grandes jugadores de los que se encontraban rodeados, ofrecieron su mejor versión (excepto, tal vez, un Callejón un tanto desacertado). Pero todos ellos quedaron eclipsados por el auténtico protagonista de la noche que, ironías de la vida, no fue ninguna de las dos mega estrellas: ni Cristiano ni Messi disputaron ayer su mejor partido. Tampoco lo fue Iniesta, pese a realizar un encuentro antológico. No solo resultó prácticamente imposible robarle un solo balón sino que, a la mínima oportunidad, el albaceteño filtraba sutiles pases capaces de dejar a sus compañeros solos delante del portero rival. Ni Ozil, que se encuentra en un estado de forma excepcional. Ni siquiera Diego López, quien finalmente se hizo con la titularidad, y que realizó tres intervenciones decisivas que salvaron al Madrid del desastre. Algo que, por cierto, deja en muy mal lugar a Mourinho. Si Adán estaba tan bien como para arrebatarle la titularidad a Casillas, ¿cómo es posible que no esté por encima del que, hasta ahora, era el portero suplente del Sevilla? El caso es que el privilegio de ser el jugador más destacado del partido que a día de hoy es capaz de reunir más calidad sobre un terreno de juego, fue para el francés Raphael Varane.

El central venía apuntando unas magníficas maneras desde que aterrizó en el Madrid hace poco más de año y medio. Pero ayer, a sus 19 años y en su primer partido grande como titular, demostró que es el central del futuro. Alto, extremadamente rápido, brillante y valiente al corte, siempre bien colocado, siempre atento al tirar el fuera de juego y, por si fuera poco, excelente cabeceador, tal y como demostró en el gol del empate, un cabezazo picado y potente prácticamente desde el punto de penalty. Y ello cuando el partido ya casi agonizaba y el Madrid se veía abocado a jugar un encuentro de vuelta que se presentaba, como poco, muy cuesta arriba. Se puede decir que, gracias a Varane, tanto por su gol como por su excelente labor defensiva (salvó un tanto en la misma línea de gol tras un clamoroso error de Carvalho), la eliminatoria aún sigue abierta.

A lo largo del encuentro, cada equipo fue capaz de utilizar a la perfección sus mejores armas: el Barça con un dominio de la pelota basado en unos centrocampistas celestiales que se permitían el lujo de jugar rondos a toda velocidad pese a estar totalmente rodeados de rivales. El Real Madrid realizando una presión axfisiante, aprovechando su superioridad física para tratar de impedir lo que para cualquier otro equipo es casi una quimera, el baile de los blaugranas; robando balones que, automáticamente, se convertían en peligro inminente de gol.

El Madrid disfrutó de más oportunidades, pero el Barça dispuso de las más claras. Pedrito y Jordi Alba, este en dos ocasiones, erraron tras quedarse completamente solos delante de Diego López, mientras que Xavi estrelló un magistral lanzamiento de falta contra el larguero. Solo Cesc fue capaz de acertar ante la portería rival, tras una cesión de Messi, después de un defectuoso despeje de Callejón. El Barcelona tuvo más tiempo el balón, pero el Madrid supo mejor lo que debía hacer con él. Además, el equipo blanco tuvo el mérito de no arrugarse cuando tenía todo en contra. Así, el gol de Varane no solo hizo justicia, sino que garantiza otro vibrante partido dentro de cuatro semanas (el que elaboró el calendario merece un premio) en el Nou Camp, que decidirá el finalista de Copa. Por lo visto ayer, cualquiera de los dos lo merecerá.

El Sporting logra una trabajada victoria en la despedida de su legendario capitán

El Sporting Villafranca derrotó ayer por cinco goles a tres al UD Valderas en un disputadísimo encuentro, resultado que aún le permite albergar una pequeña esperanza de alcanzar el segundo puesto que da acceso a la liguilla de ascenso. Ahora, los villafranquinos deben ganar sus dos últimos partidos y esperar a que el Cafetería Maribi se deje cinco puntos por el camino, misión prácticamente imposible si los leñeros siguen gozando de los favores de los árbitros. Y es que, no olvidemos que en la primera vuelta, el Caf. Maribi venció al Sporting gracias a un doble penalti lanzado una vez concluido el tiempo reglamentario y tras la señalización, en el último segundo del partido, de una más que dudosa falta. Sin esas "ayuditas" la situación seguramente sería ahora muy diferente (homenaje al 'Sport' y al 'Mundo Deportivo' :)

El partido no empezó demasiado bien para los intereses del Sporting que, como ya es habitual, sale al campo demasiado relajado. Al poco de comenzar el encuentro, los de verde ya perdían 0-1. Sin embargo, la reacción del equipo fue ejemplar: el Sporting comenzó a desplegar su juego de toque y combinación y mediada la primera parte ya había remontado el encuentro con goles de Toño y Óscar. Pero el enésimo despiste defensivo de la temporada les costaba, poco después, el 2-2 con el que se llegaba al descanso.

La tensión se podía palpar en el ambiente. El mejor ejemplo de ello se pudo observar cuando José ‘Pesca’ Mourinho se encaró de forma marrullera con un rival. Poco después, el 10 del equipo recibía una tarjeta amarilla por protestar al árbitro desde el banquillo. Este tipo de actuaciones, al más puro estilo de su adorado Mourinho, no benefician en absoluto al equipo por lo que el jugador debería reflexionar seriamente acerca de su actitud en el campo :)

En la reanudación del encuentro el Sporting Villafranca volvió a ofrecer, una vez más, toda una lección de entrega y pundonor. Más aún cuando, en el minuto 10 de la segunda parte, el UD Valderas se colocaba 2-3 en el marcador merced a una desgraciada jugada en la que Fonsi ‘Ablanedo’, el gato de Reinosa, cometía uno de sus pocos errores de esta temporada. Un tímido lanzamiento desde el lateral del área, que en principio no parecía muy complicado de atajar, se le escurría por debajo del cuerpo. El grave error, que no empaña para nada una maravillosa temporada bajo los palos, complicaba mucho el partido. En esos momentos la hazaña de alcanzar la fase de ascenso ya era prácticamente una quimera. Sin embargo, los villafranquinos continuaron presionando y luchando cada balón como si les fuera la vida en ello y, poco después, Toño empataba el encuentro con un maravilloso zurdazo desde fuera del área. A los pocos minutos y tras una jugada de estrategia tras un lanzamiento de falta, resultado sin duda de la intensa preparación de las jugadas a balón parado que el equipo realiza en sus múltiples horas de entrenamiento :), Tene ponía el 4-3 en el electrónico. El milagro se había hecho realidad. Una última y majestuosa combinación entre Schuster y Óscar, ponía el 5-3 final que aún deja un rayo de esperanza para las últimas jornadas de Liga.

Fue el mejor regalo que sus compañeros podían ofrecer a uno de sus grandes capitanes, Óscar López "Kirico", que ayer colgó las botas después de diez temporadas en el conjunto villafranquino. Las obligaciones familiares derivadas de su inminente paternidad han puesto punto y final a la carrera del legendario jugador de Alcorcón, máximo goleador histórico del Sporting y que ayer puso un brillante broche de oro a su trayectoria con dos goles decisivos. El pequeño Mario, enfundado en la elástica de la selección nacional, contemplaba absorto desde la grada la última proeza de su padre. Aunque alguien deberá explicarle algún día que el 7 que llevaba a la espalda estaba mancillado por el nombre serigrafiado justo encima del número, así como que el único, auténtico y verdadero 7 que deberían portar todas las camisetas de la selección española es el del Raúl González Blanco (homenaje a mí mismo).

El Madrid nunca se rinde

JORNADA 33 DE LIGA
REAL MADRID 2 - VALENCIA 0
4 de abril de 2010
El Madrid no dejó pasar su oportunidad de reengancharse a la Liga y aprovechó el inesperado tropiezo del Barça ante el Espanyol para situarse a un solo punto de los azulgrana. El campeonato se pone al rojo vivo a falta de sólo cinco jornadas para su conclusión. Y es que, si algo no se le puede reprochar al equipo blanco es su admirable capacidad de lucha. Tras el varapalo de la semana pasada contra el Barça, que prácticamente sentenciaba el campeonato, ha sabido reponerse con dos meritorios partidos. Todo lo contrario que en la campaña anterior cuando, tras la humillación sufrida en el Bernabéu ante el conjunto blaugrana, se dejó ir en la Liga, hasta completar un final de curso absolutamente lamentable. El actual Madrid, comandado por el siempre infatigable Cristiano Ronaldo, no sabe rendirse y, pese a lo complicado (casi imposible) del reto, parece dispuesto a obligar a su máximo rival a ganar todos los partidos restantes si quiere alzarse con el título. En este aspecto, la casta del equipo blanco es encomiable.

Frente al Valencia, los de Pellegrini gobernaron el partido con autoridad, sometieron al conjunto ché a una asfixiante presión, se adueñaron del balón desde el primer minuto, combinaron con inteligencia, dispusieron de numerosas y clarísimas ocasiones de gol y sólo la falta de puntería de los delanteros blancos evitó una goleada de escándalo. Fueron dos pero pudieron ser seis. A todo ello también colaboró el Valencia, que saltó al césped del Bernabéu como el que sale a dar un paseo por el campo. Careció de carácter el conjunto valencianista, que no jugaba a nada, pero que tampoco mordía en el centro del campo, permitiendo jugar a placer a los medios blancos. Un error fenomenal cuando enfrente tienes a Guti y Alonso, ayer, además, muy bien auxiliados por Gago y Van der Vaart. Pese a ello, el Madrid perdonó lo imperdonable en el primer tiempo y el Valencia tuvo un par de clarísimas oportunidades para reengancharse al partido. La superioridad del Madrid era abrumadora pero, como ante el Lyon, no sentenciaba y corría el riesgo de echar a perder su excelente trabajo en una jugada aislada.

Gran parte del mérito de que los de Chamartín estén metiendo tanta presión al Barça es de su excelente sistema defensivo. Los centrales (ayer Ramos y Albiol) juegan adelantadísimos, estrechando el campo para incomodar la salida del contrario, y las oportunidades rivales en cada partido se suelen contar con los dedos de una mano. Por si fuera poco, Guti realizó otro gran encuentro, ayudando a Xabi Alonso a manejar los hilos en el medio del campo, laborioso en la presión, incisivo en el pase en profundidad y comprometido con el equipo. De un robo de balón del 14, que culminó con una sensacional asistencia a Higuain, llegó el primer gol. Al pase con el exterior de Guti, respondió el Pipita con una excelente maniobra para plantarse ante César. Solo ante el portero, el argentino definió con la maestría con la que lleva haciéndolo toda la temporada. Suma ya 25 goles, a sólo dos de Messi. Y eso que el argentino perdonó otras dos clarísimas ocasiones: una en la que no pudo culminar la acción tras regatear al portero y quedar un tanto escorado, y un mano a mano con César en el que picó la pelota, que se fue tan sólo unos centímetros por encima del larguero.

Los blancos bajaron el pistón en el segundo tiempo y el Valencia tomó algo de aire. Combinó un poco más y logró frenar la marabunta de acometidas del Madrid, pero tanto Silva como Villa y Mata pasaron totalmente desapercibidos. La única aportación destacable del temible trío valencianista fue un trallazo del canario Silva a la mismísima escuadra y un par de intentos del Guaje que se fueron al limbo. Muy poco bagaje para asustar a un Madrid que, en días como el de ayer, resulta intratable. De momento, hay Liga.

McLaren reina en el caos

El inglés Jenson Button se alzó con la victoria en el GP de China en una carrera loca y emocionante de principio a fin. Su compatriota Lewis Hamilton le secundó en el podio, logrando el doblete para la escudería inglesa. Por si fuera poco, el actual campeón del mundo se hizo con el liderato del Mundial, en un día de gloria para el automovilismo británico. Podría haberles aguado la fiesta Fernando Alonso, que finalizó cuarto tras una gran remontada, pero un error en la salida al arrancar unas milésimas antes de que el semáforo se pusiera en verde, le condenó. El asturiano fue sancionado con un drive through que arruinó una carrera que lideraba tras la primera curva. Fue sólo la primera de las incontables peripecias que se vivieron durante la carrera. Y es que, sucedieron tantísimas cosas en el cuarto Gran Premio de la temporada, que contarlas todas resulta casi imposible.

Comenzaba la cosa con la incertidumbre de si llovería o no, si lo haría con la suficiente fuerza como para usar los neumáticos mixtos o, por el contrario, valdría con los de seco con los que partían todos los pilotos. Empezó la carrera con una fina llovizna y previsiones de lluvia fuerte en diez minutos: las predicciones se cumplieron...a medias. Y es que, pese a que la lluvia arreció a partir de la quinta vuelta, provocando que la mayoría de pilotos entraran a boxes para cambiar neumáticos, esta no fue ni lo suficientemente fuerte ni prolongada como para que se mojara la pista. Así, todos aquellos que pusieron neumáticos mixtos tuvieron que volver a entrar 2 o 3 vueltas más tarde para montar, de nuevo, las gomas lisas. Los que arriesgaron y aguantaron el pequeño chaparrón, encabezados por Button, salieron claramente beneficiados de la incidencia. No fue el caso de los grandes favoritos a la victoria, Vettel, Alonso y Hamilton, que se vieron abocados a la zona media del pelotón. Peor aún se ponía la cosa para el asturiano, que tuvo que cumplir la sanción, con lo que sus opciones de victoria parecían quedar eliminadas de un plumazo.

Así, la carrera se convirtió en un baile de adelantamientos de los mejores pilotos, tratando de ganar posiciones que les acercaran a la cabeza, y la lucha de los que habían sido más valientes por conservar el colchón de tiempo del que gozaban. Entre ellos se encontraba Pedro Martínez de la Rosa, al fin en condiciones de luchar por los puntos...pero el motor de su Sauber dijo basta pocas vueltas después. No está teniendo suerte el catalán esta temporada.

En esas estaban, con el cielo aún amenazando lluvia, cuando otro español se convirtió en protagonista involuntario. El alerón delantero del Toro Rosso de Jaime Alguersuari se desprendió, dejando un reguero de piezas en medio de la pista. Coche de seguridad y vuelta a empezar. La incidencia benefició mucho a Alonso y al resto de favoritos: los monoplazas se volvían a reagrupar y aún quedaba más de la mitad de la carrera por disputar. El asturiano había ascendido hasta la octava posición con un espectacular, arriesgado y polémico adelantamiento a su compañero de equipo, Massa, justo a la entrada de boxes. Poco antes, Hamilton le había hecho una jugada similar a Vettel. Aunque, en este caso, la acción (que los jueces investigaron tras la carrera sin mayores consecuencias) fue aún más controvertida, ya que la pugna se repitió a la salida del pit, con los dos coches emparejados en la calle sin intención de ceder su puesto. La refriega se saldó a favor del inglés quien, por cierto, volvió a realizar otro carrerón. Ojito con Hamilton, que ya es tercero del Mundial empatado con Alonso, y eso que se supone que los McLaren aún no han tocado techo.

Con el coche de seguridad ya fuera de pista y de nuevo la lluvia presente, el resto de la carrera se presentaba tremendamente interesante. No defraudó las expectativas. Hamilton y Alonso seguían progresando, mientras que Vettel no se acababa de adaptar y perdía tiempo vuelta a vuelta, incluso hasta verse superado por el polaco Kubica. Button, mientras, seguía a lo suyo: sin nadie que le incordiara, le bastaba con mantener su ritmo. Sin embargo, una última vuelta de tuerca provocó que los últimos giros fueran de infarto: con la pista cada vez más encharcada y los neumáticos rallados cada vez más desgastados, los monoplazas, ingobernables en esas condiciones, deslizaban más de la cuenta, provocando multitud de pequeñas salidas de pista. Y en esas, Hamilton, que había logrado pasar a Rosberg, comenzó a acercarse poco a poco al líder, a la par que Alonso acechaba al alemán para tratar de lucha por alcanzar el tercer escalón del podio. Apenas quedaba tiempo, pero con la pista y los neumáticos en esas condiciones cualquier cosa podía pasar.

Finalmente, todo quedó como estaba y Button logró su segunda victoria del año, el único que lo ha conseguido esta temporada, lo que le otorga el liderato provisional de un campeonato en el que muy pocos contábamos con él. Por su parte, Jaime Alguersuari, que se vió lastrado por los innumerables problemas que le obligaron a entrar hasta seis veces en boxes, acabó decimotercero tras estar casi toda la carrera en zona de puntos. Además, los dos Hispania volvieron a concluir la carrera.

La Fórmula Uno también puede ser divertida

¿Qué prefieres: ganar la carrera dominándola de cabo a rabo o trompear en la primera curva, empezar decimoctavo, remontar hasta el cuarto puesto y acabar la prueba por delante de todos tus rivales directos por el título? Nunca sabremos la respuesta, pero a tenor de la cara de satisfacción con la que Fernando Alonso se bajó de su Ferrari, todo indica que el asturiano habría elegido la segunda opción sin dudarlo si alguien le hubiera preguntado antes de empezar la carrera. Y es que, tras dos años de sufrimiento, Alonso disfrutó de lo lindo en el circuito de Albert Park. Como todos los aficionados a la Fórmula Uno, que pudieron contemplar una de las carreras más divertidas y emocionantes que ser recuerdan en las últimas temporadas.

Ya desde los primeros compases se intuía lo que se avecinaba. El GP de Australia comenzó con el cielo amenazando lluvia, la pista mojada y todos los pilotos con neumáticos intermedios. Alonso salió mal: Massa le superó y su monoplaza quedó emparejado con el de Button, que le tocó y le hizo trompear. Con el coche dado la vuelta en mitad de la primera curva, el asturiano observó como, milagrosamente, el resto de bólidos le esquivaban...todos menos el de Michael Schumacher, quien le tocó, dañando su alerón delantero. El alemán tuvo que entrar a boxes a la par que el coche de seguridad entraba a pista debido a un accidente de Kobayashi, que se llevó por delante a Hulkenberg, todo ello todavía en esa misma primera vuelta. La carrera se relanzaba con los dos mejores pilotos de la última década ocupando la cola del pelotón.

Fue en ese instante cuando comenzó el recital de 'Magic'. El asturiano comenzó a remontar posiciones como un poseso, mientras el alemán sufría para recuperar puestos. Entre tanto, Vettel comandaba la carrera, escudado por Kubica, muy beneficiado por la accidentada salida y Massa, tercero. Button fue el primero en arriesgar y cambiar a neumáticos lisos. La apuesta le salió bien al británico y el resto de pilotos copiaron la estrategia, entrando en seguida a boxes. Del baile salió Alonso decimosegundo. Las siguientes vueltas fueron de infarto: los adelantamientos en pista se encadenaban uno tras otro, un fallo mecánico (y van dos de dos) mandaba a Vettel al garaje, Webber no se cansaba tanto de pasar y repasar a Massa (hasta tres veces lo hizo) como de cometer errores que le hacían perder preciosos segundos, Alonso y Hamilton (que salía decimoprimero) se acercaban como una bala a la cabeza de la carrera...y de nuevo volvían a caer gotas de agua sobre el circuito australiano. Cualquier cosa podía pasar.

Fue en ese momento cuando se comprobó que Ferrari va a gozar de una ventaja sustancial durante esta temporada. Mientras la mayoría de coches tenían que entrar por segunda vez a cambiar neumáticos, los dos bólidos rojos aguantaban en pista. Massa y Alonso rodaban tercero y cuarto, con Button y Kubica (quienes tampoco volvieron a entrar) ocupando los dos primeros cajones del podio. Si en años anteriores el objetivo era demorar al máximo posible las entradas a boxes para rodar más vueltas con el depósito vacío y adelantar así al coche precedente, esta temporada parece que la clave va a estar en quién tiene la sangre fría de entrar primero, lo que permite realizar unas cuantas vueltas con el neumático totalmente nuevo y pasar al coche que va delante, que circula más lento porque lleva las gomas más degradadas. Pero, en este caso, se corre el riesgo de tener que volver a entrar una segunda vez a cambiar ruedas...o se goza de la ventaja de no tener que hacerlo. Y en eso, parece que Ferrari le ha ganado la partida al resto de escuderías. Sus dos monoplazas aguantaron más de 50 vueltas con los blandos, mientras que Hamilton o Vettel sí que tuvieron que volver a cambiar ruedas, perdiendo un tiempo precioso. Queda por saber si los bólidos rojos aguantarían toda la carrera sin cambiar las gomas. Todo indica que podría ser así.

La cuestión es que el final de carrera se adivinaba antológico. Con Massa frenando a Alonso (el asturiano no quiso arriesgar y respeto el puesto del brasileño, pese a que su ritmo de carrera era netamente superior) y Hamilton y Webber, con gomas nuevas, restando más de un segundo por vuelta a los Ferraris. A falta de 8 giros para el final, ambos se colocaron a rebufo de Alonso que aguantó con maestría, con las ruedas ya muy degradadas a estas alturas de carrera, todas las embestidas de Hamilton. Como colofón a su carrerón, a falta de dos vueltas para el final, el asturiano realizó una espectacular frenada para evitar que el inglés, que había emparejado su McLaren con su Ferrari, le sobrepasara. Hamilton tuvo que rectificar la trazada y Webber, que circulaba justo detrás, le tocó, yéndose ambos a la hierba. 'Magic' no sólo había logrado defender su posición, sino que relegaba a su íntimo rival quien, pese a todo, también realizó una excelente carrera, a la sexta posición (rebasado por Rosberg en el incidente).

Así, Alonso conserva el liderato del Mundial y sale muy reforzado moralmente de Australia donde, por primera vez en mucho tiempo, se lo volvió a pasar en grande. Para colmo de alegrías para los intereses españoles, Alguersuari logró un magnífico decimoprimer puesto, justo por delante de Pedro de la Rosa, y precedidos ambos por un Michael Schumacher que está muy lejos de ser aquel que un día dominó con puño de hierro el circo de la Fórmula Uno. Además, el piloto indio del Hispania, Karun Changhok, logró finalizar la carrera.

Higuaín y Cristiano fusilan, Gago se reivindica


El Madrid, tras la victoria del Barça ante Osasuna, estaba obligado a ganar si quería mantener opciones en su pugna contra los catalanes, en pos de una de las Ligas más emocionantes y reñidas que se recuerdan. Es lo único que puede salvar ya su temporada y el Madrid se aferra a ello con todas sus fuerzas. Y no falló. Además, recuperó la autoridad que había perdido en los últimos encuentros, especialmente tras la eliminación de la Champions contra el Lyon. Gobernó el partido desde el principio con una autoridad incontestable, ayudado también por un Getafe que se mostró blando en exceso. Y eso, contra el Madrid, se paga muy caro.

En un campo rapidísimo, debido a la intensa lluvia caída durante toda la tarde sobre Getafe, los blancos demostraron que, pese al hachazo moral que supuso la eliminación europea, aún está en condiciones de aguantarle el pulso al Barça. Ayer lo hizo de la mano de un Gago muy enchufado desde el comienzo del encuentro, consciente de que disponía de su última ocasión para hacerse un hueco en el equipo y tener opciones de jugar el Mundial. Lass no atraviesa su mejor momento y el argentino no desaprovechó la ocasión de poner en apuros a Pellegrini de aquí a lo que resta de temporada. Y es que, el partido del argentino fue sensacional. Incisivo y profundo, participó activamente en el juego y dejó detalles de calidad. Algo vital en un Madrid necesitado de centrocampistas debido al bajón de juego de Lass y Granero y con un Kaká desaparecido en combate.

El partido no tuvo mucho misterio. El Madrid lo despachó en apenas 35 minutos, los que tardó en marcar sus cuatro goles. A los 12 minutos de juego, el enésimo golazo de falta de Ronaldo ponía el partido muy de cara para los blancos. A los 20, Higuaín prácticamente sentenciaba el choque tras una gran contra propiciada por un buen robo de balón de Gago. Poco después, la conexión argentina fabricaba el tercero: Gago se inventa una gran combinación en el mediocampo y la finaliza enviando un maravilloso balón en profundidad al desmarque de Higuaín. El Pipita, en estado de gracia ante el gol (con los dos de ayer ya lleva 22, igualando su mejor marca anotadora en Liga), se zafa de Ustari y anota a puerta vacía. Cristiano, ayer de nuevo un animal desatado, picado tal vez en su orgullo por las grandiosas actuaciones de Messi, que cuestionan, y mucho, su status de mejor jugador del mundo, realiza una serie de bicicletas dentro del área que culmina con un obús al palo cruzado para anotar el cuarto.

Apenas un par de minutos después, y con el partido ya más que zanjado, llegó la acción más controvertida del encuentro. La que supuso el 1-4 del Getafe. Casillas persigue un balón fuera del área, Parejo se lanza a por la pelota, la toca y se la arrebata... pero golpeando a su ex-compañero, que se retuerce en el suelo de dolor. El jugador getafense se gira, ve al portero tirado en el suelo sin saber muy bien qué ha pasado, recibe el balón y, con la puerta vacía, decide empujarlo a gol. Acción discutible desde el punto de vista ético, pero atenuada por la dificultad de tener que tomar una decisión en décimas de segundo. Más, cuando el rival te está bailando de mala manera.

Ningún jugador blanco protestó la acción. Ninguno salvo Casillas, que no entiende de goleadas ni de partidos resueltos y para el que encajar un gol, aunque su equipo lleve diez de ventaja, es siempre motivo de disgusto. El caso es que las airadas protestas del meta blanco propiciaron uno de los hechos más inéditos que se han visto en los últimos años en un campo de fútbol español. Todo un estadio pitando al guardameta de la selección y, probablemente, una de las personas más queridas y admiradas de nuestro país. El abucheo constante al meta blanco fue lo más destacado de una segunda parte en la que el Madrid no quiso hacer sangre y durmió un partido cuyo única anécdota fue el segundo gol del Getafe, que llegó en otro accidente. La Liga sigue al rojo vivo.

Ha vuelto el Rey

El Rey de la Fórmula 1 regresó ayer a la élite por todo lo alto. Como sólo los más grandes campeones pueden hacerlo. No hablamos de Michael Schumacher, sexto ayer en el circuito de Bahrein, cuyo tiempo ya pasó, sino de Fernando Alonso, quien, tras dos años de penurias en Renault, dispone al fin de un coche a la altura de su condición. Un coche con el que tendrá la oportunidad de elevar su leyenda a la altura de la del Kaiser. Y es que, el binomio Ferrari-Alonso amenaza con dominar con puño de hierro la competición en los próximos años, tal fue la sensación de superioridad que ofrecieron ayer sobre el circuito del pequeño país árabe. Por su parte, Jaime Alguersuari finalizó en una meritoria decimotercera posición, tras ganar tres puestos en la salida; además, se impuso en su duelo particular a Buemi, su compañero en el equipo Toro Rosso. Pedro Martínez de la Rosa tuvo que abandonar sobre el ecuador de la carrera, debido a un problema hidráulico, cuando circulaba decimosegundo.

Las buenas noticias para el asturiano comenzaron ya en la misma salida del Gran Premio, por un doble motivo: primero, ganó la posición a Massa en la primera curva, con una arriesgada y espectacular maniobra por el exterior; y segundo, porque su compañero de equipo, que podía haber sido mucho más agresivo para defender su puesto, actuó con nobleza. Hecho que deja intuir la sensación de comunión que se vive en la escudería italiana, por lo que no parece previsible una guerra de egos similar a la que el asturiano tuvo que disputar contra Hamilton hace tres años en McLaren. La lucha entre ambos se prevé brutal, pero no parece que ninguno vaya a recurrir a las malas artes.

Vettel, quien salía desde la pole, se mantuvo en la cabeza de carrera tras la salida, seguido de Alonso y Massa, y el trío comenzó a distanciarse del resto del grupo, manteniendo entre ellos una distancia prudencial de aproximadamente dos segundos. La única entrada a boxes que realizaron no resultó determinante en ningún aspecto: fueron casi calcadas y la opción de realizar una segunda entrada por el posible desgaste de los neumáticos quedó descartada, ya que las gomas demostraron que aguantan a la perfección 2/3 de carrera. Parece que, este año, con la eliminación de los repostajes, la batalla táctica va a quedar muy limitada.

Fue poco después del ecuador, con la carrera prácticamente estabilizada en sus posiciones de cabeza, cuando llegó el momento culminante de la prueba. El Red Bull del alemán comenzó a perder potencia por un problema en el escape. Alonso y Massa lo aprovecharon para superarle con facilidad. En ese instante se comenzó a comprobar lo que ya se sospechaba: el ritmo de carrera de Alonso era muy superior al del alemán... y al del resto de pilotos, incluido su compañero Massa. El piloto asturiano comenzó el recital y empezó a clavar tiempos como un reloj, ampliando su ventaja sobre el resto hasta alcanzar una distancia sideral, que superó los 16 segundos en la línea de meta. Sólo un detalle: su vuelta rápida en carrera fue casi un segundo más rápida que la de sus perseguidores.

Vettel, que además de por el dúo de Ferraris sólo fue superado por Hamilton, quien completó el podio, se defendió como gato panza arriba pese a los problemas mecánicos y finalizó cuarto. Se perfila así como el gran rival del piloto asturiano en la lucha por el título (a la espera de ver cómo evoluciona el McLaren del inglés Lewis Hamilton). Aunque habrá que prestar mucha atención a la fiabilidad del coche de la bebida energética: el bólido ha demostrado ser muy veloz, pero los problemas mecánicos pueden amargarle la temporada al magnífico piloto alemán.

Por otra parte, ninguno de los dos Hispania pudieron concluir el primer Gran Premio de la temporada. Aunque el fin de semana ya estaba salvado con nota tras la exitosa puesta a punto de un monoplaza del que ni siquiera se tenía la certeza (más bien lo contrario) de que fuera a funcionar. A partir de ahora, el equipo español tendrá mucho que trabajar para mejorar un coche que aún ofrece muchas dudas. De las nuevas escuderías, solo Lotus, pudo lograr que sus dos monoplazas cruzaran la línea de meta.

Dolor, mucho dolor

El Real Madrid sufrió anoche en el estadio Bernabéu uno de los golpes más duros que se recuerdan en muchos años. Tras invertir más de 300 millones de euros para devolver al club la supremacía europea, el equipo de Florentino Pérez cayó eliminado, por sexta ocasión consecutiva, en los octavos de final de su competición fetiche. Precisamente, el año en que su principal objetivo era celebrar la décima Copa de Europa en su propio estadio y ante su afición. Pero el fútbol no entiende de millones y mucho menos en un cruce a ida y vuelta. El equipo blanco demostró mucho más potencial que el francés, pero fue inferior en el global de la eliminatoria. Para colmo, no supo aprovechar sus momentos de buen fútbol (los primeros 45 minutos de ayer fueron esplendorosos) y lo pago caro. Muy caro.

Las cosas empezaron muy bien para los blancos. A los cinco minutos de juego ya habían logrado igualar la eliminatoria tras un magistral pase de Guti, que Cristiano remató a gol entre las piernas del portero. El Lyon entregó el campo al Madrid, que jugaba a placer y creaba clarísimas ocasiones, demostrando la enorme diferencia que se presupone entre uno de los grandes aspirantes a levantar el cetro europeo y líder de la todopoderosa Liga española y el tercer clasificado de la francesa. La superioridad madridista era aplastante. En el minuto 20 pudo encarrilar definitivamente el pase a cuartos, pero Higuaín, tras sortear al portero, mandó el balón al palo con toda la portería para él. Pocos minutos después, otro magnífico tiro del argentino fue desviado por el meta francés Lloris ante la desesperación de Cristiano, que esperaba solo al otro lado del área para rematar a puerta vacía. El portugués, que ayer demostró su jerarquía con un partido formidable en el que se echó al equipo a la espalda y batalló sin cesar, barriendo todo el frente de ataque, se lo recriminó de muy malos modos. Ese tipo de gestos son los que empañan muy mucho su imagen. El Lyon, consciente de sus limitaciones pero un muy buen equipo al fin y al cabo, daba sensacion de peligro en cada una de sus escasas llegadas. Ello, pese al formidable trabajo de Albiol y Garay, especialistas en apagar fuegos antes de de que se extiendan.

Entre tanto, Kaka ofrecía algunos de sus mejores minutos desde su llegada al Bernabéu (lo que sigue siendo un bagaje bastante escaso para un tipo que ha costado 66 millones de euros) y Guti no solo no se escondía, sino que pedía cada pelota, dirigía con maestría, luchaba y defendía. Pese a ello, todavía los habrá que le culpen del destino del Madrid. Es el sino de un jugador maldito. Parecía sólo cuestión de tiempo que el choque se desequilibrara del lado de los blancos.

Pero, he aquí lo mágico del fútbol, el guión del partido cambió de rumbo en la segunda parte de forma incomprensible. Mejor dicho, gracias a un maravilloso movimiento táctico del entrenador francés, que Pellegrini no supo contrarrestar. Gonalons y Kallstrom sustituyeron a Boumsong y Makoun, reforzando el centro del campo francés. El Olympique comenzó a presionar más arriba, dificultando la salida del balón. El Madrid sufrió un cortocircuito y el partido se convirtió en un correcalles que sólo podía beneficiar a los franceses. El Lyon no sólo equilibró el duelo sino que, por momentos, le arrebató la pelota al Madrid. Y, lo más preocupante, comenzó a llegar con peligro. Con mucho peligro.

En esas, el Madrid dejó de crear ocasiones y comenzó a jugar al filo de la navaja: conforme se acercaba el final del choque mayor era el riesgo de que un gol de los franceses le dejara sin capacidad de reacción. Sucedió en el minuto 75: tras una serie de rebotes dentro del área, el balón le llegó a Pjanic, que fusiló a Casillas sin oposición. Quedaban 15 minutos para tirar de épica. Pero el golpe fue tan bestial que el Madrid ni siquiera fue capaz de reaccionar. De aquí al final del encuentro no creó ni una mala ocasión de peligro. Ni siquiera la entrada de Raúl (tan celebrada por la grada como pitado fue el sustituido Kaka) supuso el esperado revulsivo.

Así las cosas, el Madrid queda fuera en el mes de marzo de su máximo objetivo de la temporada. Queda por ver cómo va a asimilar el equipo semejante golpe. De momento, la afición lo ha encajado con dolor. Con mucho dolor.

Emoción, éxtasis, remontada y liderato

JORNADA 25 DE LIGA
REAL MADRID 3 - SEVILLA 2
6 de marzo de 2010

El Madrid arrebató ayer al FC Barcelona el liderato de la Liga. Lo hizo a base de garra y de fe en la victoria. También de un fútbol de altos quilates, especialmente en la segunda parte con la entrada al campo de Guti y Van der Vaart. El agónico gol del holandés en el minuto 92 hizo justicia a un equipo que supo sobreponerse a un partido que se le había puesto muy cuesta arriba, y culminó una noche épica para el madridismo. Saltaba el Madrid al terreno de juego obligado a ganar, sabiendo que el pinchazo del Barça en Almería le ponía a tiro de piedra a su gran rival por el título. No podían desaprovechar los blancos semejante oportunidad, aunque para ello tuvieron que luchar y sufrir hasta el último minuto.

Un buen Sevilla puso en muchos apuros al Madrid. Durante los primeros 20 minutos de partido los sevillanos, ordenados e incisivos, tuvieron el control del juego e incluso se adelantaron en el marcador en una rápida transición trenzada por Jesús Navas, Capel y Negredo, que Xabi Alonso, en un intento desesperado de despejar, acabó rematando a gol en su propia portería.

El Madrid, sin desplegar su juego más brillante, respondió con una catarata de oportunidades. Encabezado por un omnipresente e hiperactivo Cristiano Ronaldo, acorraló al Sevilla en su área. Cada acometida contra la portería de Palop, magnífico una vez más, era sinónimo de peligro. Así, dispuso de varias claras oportunidades antes del descanso: un buen empalme de Higuaín, que detiene el portero bien colocado; un balón suelto en boca de gol que Kaka, de nuevo desconectado, no acierta a rematar; dos tremendas cabalgadas de Cristiano finalizadas con sendos magníficos disparos, ambas desbaratadas de nuevo por Palop... Pero el balón no quería entrar.

El segundo tiempo comenzó con un nuevo jarro de agua fría para los blancos. Dragutinovic lanza una falta templadita desde casi el centro del campo, la defensa se confía y deja pasar el balón, convencida de que este acabará mansamente en las manos de Casillas... Y el portero blanco, tal vez despistado por sus compañeros, que se la traga. 0-2 en el marcador y el Bernabéu que enmudece, incrédulo ante lo que está contemplando. El partido, y con él gran parte de las opciones de ganar una Liga que apenas permite errores, parecían escaparse.

Ante la adversidad, Pellegrini y sus hombres respondieron con la grandeza que se espera de este equipo. El ingeniero introdujo a Guti y Van der Vaart en el terreno de juego, en sustitución de un discreto Lass y de Arbeloa. El 14, que cuando le da por jugar (bastantes veces esta temporada, por cierto), sigue siendo uno de los futbolistas más geniales y determinantes, tomó el mando de las operaciones y convirtió el resto del encuentro en un constante asedio de los madridistas. Mientras el de Torrejón filtraba pases desde cualquier ángulo, Marcelo y un sensacional Sergio Ramos (con el que se puede contar para todas las guerras), entraban como cuchillos por las bandas. En una de esas internadas, el brasileño puso un balón al corazón del área y Cristiano apareció por allí, indetectable para la defensa, para acortar distancias. Pocos después, Guti estrellaba un trallazo en la cruceta de la portería sevillista. Sin solución de continuidad, Ramos empataba el partido con un gran cabezazo a la salida de un saque de esquina. El Madrid había tardado sólo 11 minutos en enjugar los dos goles de desventaja.

La avalancha de fútbol y oportunidades no se detuvo durante la media hora restante. Con un Higuaín en estado de gracia (imposible echar de menos a Benzema) buscando el gol con desesperación. Hasta dos veces estrelló el argentino el balón en el palo tras un par de magníficas jugadas personales, la segunda tras otro magistral pase de Guti. Y Van der Vaart demostrando que, los que en verano pensábamos que sobraba, nos equivocábamos. Las oportunidades se multiplicaban según se acercaba el final del encuentro. Pero la diosa fortuna no quería concederle al Madrid el merecido triunfo.

Hasta que, 34 disparos a puerta después (16 de ellos entre los tres palos y otros tres a los postes), Van der Vaart hizo justicia culminando la remontada y otorgando al Madrid el liderato. El coliseo madridista entró en ebullición, embargado por la emoción del encuentro, y consciente de la importancia de una victoria que, para colmo, supone un golpe moral en la línea de flotación de su gran rival por el título de Liga. Una lucha que se presenta apasionante y en la que el Madrid, gracias a un gran ejercicio de casta y fútbol, tomó ayer ventaja.

El valor de ser un buen equipo

JORNADA 23 DE LIGA
REAL MADRID 6 - VILLARREAL 2
21 de febrero de 2010

Este Real Madrid es un gran equipo. En ocasiones, como anoche en el Bernabéu ante el Villarreal, un grandísimo equipo. Y mucha parte del mérito la tiene su técnico, Manuel Pellegrini. Independentientemente de que el entrenador chileno haya podido cometer errores puntuales a lo largo de la temporada (la cantada de Alcorcón, la inclusión de Diarra en el once titular ante el Lyon...), lo cierto es que ha logrado armar un gran equipo. Un conjunto que sabe a lo que juega. Con la línea defensiva muy adelantada y segura, que domina claramente la posesión girando en torno a un Xabi Alonso que se asocia de lujo con sus pretorianos (especialmente con Granero), con una delantera directa e incisiva que, por si fuera poco, está sobrada de calidad y contundencia. Y eso que a Kaka, pese a sus dos goles de ayer, aún se le espera.

El enorme valor de todo ello es que, pocas veces en los últimos 15 años el Madrid ha contado con un buen equipo, en el más amplio significado de la palabra. La primera temporada de Valdano, varios (bastantes) tramos con Del Bosque...y poco más. La mayor parte de esta última década y media, ha sido una colección de grandes figuras que ganaba partidos por pura inercia, pero que no tenía un plan para afrontar los grandes retos. En muchas ocasiones, como con Capello o Luxemburgo, el plan era cicatero, aburrido, impropio de la grandeza del club. Por eso no se entienden las desproporcionadas críticas de ciertos sectores del madridismo hacia Pellegrini.

Ahora no, ahora el Madrid es una cosa muy seria. Lo ha demostrado con sus grandes victorias en Liga (en Mestalla o Riazor) y, sobre todo, con su regularidad en una competición en la que le aguanta el pulso al todopoderoso y brillante Barça de Guardiola. Y eso, tiene mucho mérito. Es cierto que aún faltan algunos detalles por pulir: en ocasiones el equipo se parte demasiado, en otras se obceca con atacar por el centro, lo que dificulta el asalto a defensas muy cerradas y ordenadas. Pero esos errores son más fáciles de disimular cuando hay un plan colectivo.

El portugués dedicó su tanto a las víctimas de las inundaciones de Madeira

Además, tiene dinamita. Y a Cristiano Ronaldo, un jugador superlativo que, seguramente herido en su orgullo por el pinchazo del martes ante el Lyon, ayer se echó el equipo a la espalda y dió un recital: marcó un golazo, repartió dos asistencias (una de ellas, la del quinto tanto, obra de Kaka, súblime), provocó un penalty y ofreció un sensacional derroche de fuerza y energía. El caso es que, todavía estaban tanteándose los equipos sobre el campo, cuando los blancos lanzaron dos golpes que dejaron KO al rival. Primero fue Cristiano, que soltó un misil de libre directo a la escuadra de Diego López. Un minuto después, tras una gran acción colectiva, penalti sobre Higuain que transforma Kaka. En un periquete, los blancos tenían medio solucionado el partido. Senna acortó distancias con un magistral lanzamiento de falta diez minutos después.

A partir de ahí, sólo hubo un equipo en el campo. El Madrid encerró al Villarreal en su área. Y lo hizo a base de fútbol, de fútbol de alta escuela. Con rápidas e inteligentes combinaciones comandadas por un genial Alonso; vertical y veloz cuando la situación lo requería; alternando las paredes en la frontal del área con las aperturas a las bandas para la llegada de los incisivos laterales (ayer Arbeloa y Marcelo). Así fueron llegando multitud de clarísimas ocasiones. El Madrid marcó el tercero al poco de la reanudación. El Villarreal, en una contra finalizada con una magnífica sucesión de paredes dentro del área, puso el 3-2, incomprensible a todas luces. Al Madrid le dió igual, siguió a lo suyo y con una cascada de fútbol le hizo un seis a los amarillos. Podrían haber sido diez.

Lo cierto es que el Madrid parece andar por la senda correcta y, si enormes despistes como el día del Lyon no lo impiden, debería estar presto para luchar de tú a tú contra los más grandes equipos del continente. Es la ventaja de ser, por fin, un buen equipo.

Este Barça es de otro mundo

FINAL DE LA COPA DEL REY DE BALONCESTO
REGAL BARCELONA 80 - REAL MADRID 61
21 de febrero de 2010



Llegaba el Madrid a la final de la Copa del Rey después de meterle una paliza de escándalo (50-78) al todopoderoso Caja Laboral. El único equipo que le hace un poco de sombra al Regal Barcelona en la Liga ACB. Eso tiene que dar alas a cualquiera. Si le ganas de 28 al segundo, ¿por qué no vas a poder vencer al líder? La respuesta tardó poco más de diez minutos en llegar. Lo que el equipo de Xavi Pascual tardó en meterle al Madrid un parcial de 21-6 en el segundo cuarto, convirtiendo el resto de la final en una fiesta blaugrana.

El actual Barça es tan superior al resto (al menos en España... seguramente también en Europa) que para ganarle se tienen que dar varias conjunciones interestelares. La primera es que no defienda como lo hizo ayer. Cada vez que el Madrid trataba de atacar el aro contrario lo único que encontraba por el camino eran brazos por todas partes. Ni un solo espacio por el que penetrar. Ni una pequeña opción de lograr un lanzamiento cómodo...ni siquiera más alla de la línea de 6,25.

La segunda es que ninguna de sus estrellas (y tiene muchas) tenga un día medio bueno. Este equipo tiene tantas alternativas que, cuando no es Navarro con un triple desde su casa, es Vázquez (MVP del partido) rebañando todos los balones que se pasean cerca del aro. Mientras tanto, Ricky dirige la orquesta. Lo hace con tal maestría que uno puede llegar a dudar que tenga sólo 19 años. Los tiene. Lo que parece no tener son límites.

La tercera es que el rival sea un equipazo. Y que juegue a su máximo nivel. Y que apenas cometa errores. Y que le acompañe la suerte. Tampoco ninguna de ellas se dió ayer. Salvo en el primer cuarto, el Madrid contempló la obra maestra del Barça con total impotencia. Apenas acciones aisladas, unas veces de Jaric, otras de Lavrinovic, alguna de Llul y Kaukenas...Nada capaz de luchar realmente en serio, cara a cara, contra esta máquina de hacer baloncesto.
Total, que si no se dan todas esas improbables circunstancias, el resultado acaba siendo muy similar al de ayer. Al de casi todos los encuentros que el Barça lleva disputados esta temporada. Que vence, irremisiblemente, por varios cuerpos de ventaja. Ayer el marcador final reflejó un contundente 61-80. Habría sido mucho más amplio (llegó a ser hasta de 27 puntos) si este Barça de otra galaxia hubiera querido. Pero no quiso hacer sangre. No le hizo ninguna falta.

Un Madrid incapaz resucita sus fantasmas

PARTIDO DE IDA DE OCTAVOS DE FINAL DE LIGA DE CAMPEONES.
O. LYON 1 - REAL MADRID 0
16 de febrero de 2010



Regresaba el Real Madrid al estadio de Gerland, escenario de algunas de sus noches más negras en Europa en la última década. Lo hacía en los octavos de final de la Champions, eliminatoria también maldita para los de Chamartín en los últimos cinco años. Y los blancos volvieron a naufragar, resucitando los fantasmas de sus peores pesadillas. Pero esta vez con varios agravantes. Este ya no era el equipo envejecido y paquidérmico de las últimas campañas. Era el de las grandes figuras. Era el club que había revolucionado el panorama futbolístico este verano, desembolsando cientos de millones de polémicos euros para atraer a las figuras más rutilantes del universo futbolístico. El Madrid de Cristiano, de Kaká, de Benzema, de Alonso... Dió igual. Las sensaciones fueron casi igual de pobres que las del año pasado, cuando fue barrido por el Liverpool de Torres y Gerrard. Solo que esta vez tuvo la suerte de que no había tanto equipo enfrente. Este Lyon tampoco es ya el sólido heptacampeón de la Liga francesa. Navega cuarto en el torneo local, tan lejos del líder que apenas cuenta con opciones de ganar un campeonato menor. Lo mismo dió.

El Madrid empezó enchufado, dispuesto a resolver una eliminatoria que no debía suponer mayores quebraderos de cabeza en su camino hacia el gran reto de la temporada, alzar la Décima en el Santiago Bernabeu. No trenzaba un juego maravilloso, pero daba una impresión de superioridad aplastante. La que se supone en un equipo que cuenta con 3 de los 10 mejores jugadores del mundo. Cristiano se gustaba, entre bicicletas, amagos y taconcitos. En uno de ellos estuvo a punto de llegar el primero de la noche. El portugués habilitó a Higuain que tal vez no se esperaba semejante delicatessen. Estuvo lento el argentino (como toda la noche) y los dos centrales del Lyon se le echaron encima antes de que pudiera rematar. Mientras tanto, los franceses sólo se acercaban al área de Casillas con un juego muy directo pero carente de peligro.

En estas, llegó la pájara del Madrid. Una de las antológicas. Como aquellas que sufría Indurain en sus mejores tiempos y que dejaban a la afición sin respiración. Sencillamente inexplicables. A partir del minuto 35, el equipo dejó de existir. No se sabe muy bien cómo ocurrió. La cuestión es que cada pase era cada vez más calamitoso. Cada intento de sacar el balón jugado acababa, irremisiblemente, en los pies de los jugadores del equipo francés. Y los franceses lo detectaron. Se lo vieron en los ojos. Como Pantani se lo veía a Indurain, la mirada perdida, la bicicleta abriéndose cada vez más hacia la cuneta. Y se lanzaron a degüello, convencidos de que había llegado su momento. De que esa era su oportunidad. De que cuando la bestia está herida hay que rematarla antes de que despierte. Y con la estrecha colaboración de todos y cada uno de los jugadores del Madrid, especialmente de sus figuras, contratadas para dar la talla en partidos como el de ayer, empezaron el asedio.

El internacional camerunés Jean Makoun anota el único gol del partido.

El respiro del descanso no solucionó en absoluto la situación. El Lyon salió en tromba y, a los dos minutos de la reanudación, Makoun soltó un trallazo que se coló por la escuadra izquierda de Casillas. Las peores pesadillas regresaban a la mente de los aficionados madridistas. El partido se volvió loco. El Madrid, incapaz de gobernar el encuentro, se lanzó a la desesperada. Pero, una vez más, abusando de las paredes por el centro, sin apenas mirar a las bandas. En la izquierda, muy estático toda la noche, recibía de vez en cuando Kaka. Hay que reconocerle al brasileño que, por lo menos, no se escondió. Pero cada control, cada intento de desborde, cada búsqueda de la portería contraria acababa siempre con el mismo resultado. Agua. Comienzan a acabarse las excusas con este jugador.

El Olympique esperaba atrás replegado, ordenado y muy atento, esperando para lanzar temibles contras que sentenciaran definitivamente el partido y quizás la eliminatoria. Higuain estuvo a punto de empatar en una acción aislada, un balón largo que ganó por velocidad, pero Lloris, el joven portero internacional francés, se la desbarató sacando una mano sensacional. Fue la última (y casi única) ocasión del Madrid en toda la segunda parte. Muy poco. Demasiado poco. Pellegrini buscó la reacción haciendo saltar al campo a Benzema, el hijo pródigo de la afición francesa, que regresaba al estadio que le vió nacer. La ovación fue estruendosa. Karim apenas tocó el balón. Cuando lo hizo fue para devolvérselo a sus ex compañeros.

Así pues, el Madrid se verá obligado a remontar en el Bernabeu si no quiere que gran parte de la temporada se vaya al traste. Sería un ridículo de los que hacen época. Para colmo de males Marcelo y Xabi Alonso, que vieron la amarilla, no podrán disputar el partido de vuelta por sanción. Si su equipo juega como hoy, poco importará.

Arbeloa desatasca al Madrid

JORNADA 22 DE LIGA
XEREZ 0 - REAL MADRID 3
13 de febrero de 2010

Le costó al Madrid mucho más de lo que se esperaba doblegar al colista de la Liga, el modestísimo Xerez. Una hora exactamente. Antes de que Arbeloa abriera la lata, el partido estaba tan atascado que la victoria de los blancos peligraba. Mala cosa cuando te enfrentas al último de la clasificación. Peor aún si lo que pretendes es recortarle puntos a un líder que apenas falla. Comenzó el Madrid dubitativo, impreciso y carente de intensidad. Tal vez con la cabeza puesta en el trascendental partido del martes frente al Lyon. Quizás confiado ante lo que se suponía un mero trámite frente un equipo casi desahuciado a Segunda. O, simplemente, incapaz de realizar su juego debido al lamentable estado del terreno de juego. La pelota, más que rodar, avanzaba a botecitos sobre el campo. Eso cuando no decidía, simplemente, tomar otra dirección. Debería estar prohibido jugar en campos así. Resulta nefasto para el espectáculo y el riesgo de lesiones se multiplica.

El caso es que el Madrid no funcionaba y el Xerez, valiente, llegó incluso a gozar de varias ocasiones. Se echaba de menos a Guti en el centro del campo. Lass estorbaba a Xabi más de lo que le ayudaba (incomprensible la decisión de Pellegrini de dejar en el banquillo a Van der Vaart en beneficio de un medio defensivo ante un rival tan débil), el fútbol no fluía y el embotellamiento era cada vez más considerable. Reaparecía Cristiano después de cumplir los dos partidos de sanción por el ya famoso codazo a Mtiliga, pero el portugués, pese a que lo intentaba, tampoco tenía su día más brillante. Ante la ausencia de fútbol, las mejores oportunidades del Madrid llegaron por arriba, precisamente con dos cabezazos de Ronaldo.

Con el paso de los minutos, el Xerez fue reculando y el Madrid comenzó a mandar claramente en el partido...pero jugaba a un ritmo excesivamente lento y atacando casi siempre por el centro. Los andaluces, muy ordenados, no sufrían en exceso. Precisamente en una de las pocas aperturas a la banda llegó el gol que desatascó el partido. Arbeloa apareció como una bala por la derecha, se presentó solo ante Renan, alzó la cabeza, y definió ajustado al palo con la sangre fría de los grandes delanteros. El rendimiento del canterano repescado del Liverpool está siendo excelente. Su rentabilidad máxima (costó sólo cuatro millones de euros). Todo lo contrario que Kaka. El brasileño, pese a las dos asistencias a Cristiano que sentenciaron el partido, sigue sin brillar y sin justificar el desembolso de 66 millones de euros realizado por él.
Ya con el partido de cara, todo fue coser y cantar para el Madrid. Con el Xerez abierto, Cristiano sacó a pasear el martillo pilón. Le bastaron dos minutos para sentenciar el partido con sendos tantos. Es increible la facilidad que tiene el portugués para golear. Cuando no se fabrica él mismo la jugada, aparece de la nada, indetectable para los defensas. Con los dos tantos ante el Xerez suma ya 15 goles en 16 partidos esta temporada. Asusta pensar cuántos llevaría si las lesiones le hubieran respetado. Se le podrán criticar muchas cosas (sus constantes aspavientos durante los partidos empiezan ya a poner nervioso al personal) pero, sin duda, este sí que justifica partido tras partido la millonada que costó.

Así pues, tras muchos apuros, los blancos se acostarán a sólo dos puntos del Barça, a la espera de que sus vecinos del Manzanares les echen mañana una mano.


P.D. Por cierto, señalar que al Madrid le birlaron un claro penalti por mano dentro del área. Otra excusa para que los amantes de las conspiraciones alimenten sus teorías una semana más. Pero de ese tema ya hablaré otro día con más tranquilidad.

El Madrid impone su velocidad de crucero

Si algo me gusta en esta vida es el periodismo deportivo. Es lo que soñaba con ser desde pequeñito. Por desgracia, hasta el momento nadie me ha dado la oportunidad de ejercerlo. Ellos se lo pierden ;)

El caso es que he decidido iniciar una serie de crónicas deportivas que abarcarán los acontecimientos deportivos más trascendentes de este 2010. Además, como buen madridista que soy, voy a tratar de hacer una crónica de todos los encuentros del conjunto blanco (aunque no prometo nada). Así juego un poco a ser Segurola, aver si las lee y me ficha para el MARCA. Empiezo la serie con el partido que disputaron ayer Real Madrid y Espanyol en el Santiago Bernabeu.


JORNADA 21 DE LIGA
REAL MADRID 3 - ESPANYOL 0
6 de febrero de 2010

El Real Madrid finiquitó su partido contra el Espanyol con una solvencia que empieza a ser rutinaria. Le bastó media hora de buen juego para despachar a un rival de medio pelo que en ningún momento dió la sensación de poder buscarle las cosquillas. Este Madrid cada día tiene mejor pinta. Pese a la derrota, el partido del Nou Camp supuso un punto de inflexión. Desde entonces, el equipo da la impresión de saber perfectamente a lo que juega. Y, salvo raras excepciones como contra Osasuna en el Reyno de Navarra, lo interpreta con maestría. Ha impuesto una velocidad de crucero con la que navega con paso firme por la Liga. Pese a las dudas de principio de temporada, este equipo ya parece perfectamente capacitado para afrontar retos de calado. Empezando por el apasionante pulso que se adivina contra el Barça en la lucha por el título de Liga.

A ello ha colaborado de forma indiscutible Xabi Alonso. El donostiarra, ya sea acompañado por Lass o en solitario, como en los últimos partidos, gobierna los encuentros con mano de hierro. Además, se encuentra perfectamente secundado por un centro del campo en el que predomina el toque y la calidad. Granero, cada día con más confianza, le aporta al equipo una dosis de capacidad de asociación que el equipo agradece. Mención especial merece el caso de Guti. El 14 volvió a jugar ayer un partido extraordinario. Si decide olvidarse de sus batallas contra el mundo y centrarse en lo que realmente sabe hacer, jugar al fútbol de cine, puede convertirse en un jugador crucial en lo que resta de temporada. Calidad y aptitudes le sobran. La actitud parece que también la ha encontrado.


Con semejantes mimbres es difícil no dominar los partidos con claridad. Ayer, el Espanyol fue un muñeco de trapo en manos de un Madrid que hizo con él lo que quiso. Antes de finalizar el primer tiempo ya había dispuesto de al menos media docena de claras oportunidades con las que debió sentenciar el partido. Raúl, de nuevo titular, estuvo en casi todas, en esta ocasión a base de cabezazos. De uno de ellos se aprovechó Kaka para hacer el segundo del Madrid. La edad le ha quitado muchas cosas, pero el eterno capitán las suple con ganas y esfuerzo. Todo lo contrario que Benzema. El francés pasó ayer totalmente inadvertido una vez más. Comienza a ser preocupante: la lesión de Higuain le dió la oportunidad de reivindicarse como el gran goleador que se supone que es. Y la ha desaprovechado. Por cierto, que el Pipita volvió, ya recuperado de su lesión, y le bastaron apenas unos minutos para hacer su golito de rigor. Ya van 12 en Liga...en 15 partidos. El acompañante de Cristiano en ataque tiene nombres y apellidos por méritos propios.

El Madrid bajó el pistón en la segunda parte y el Espanyol hizo un amago de querer volver a entrar en el partido. Fue en balde. A día de hoy, la diferencia entre uno y otro equipo es sideral. Un dato a destacar es que este Madrid ya ni siquiera parece notar las ausencias. En los últimos partidos le han faltado, por distintos motivos, varios de sus mejores jugadores: pese a las bajas de Pepe, Cristiano Ronaldo, Higuain o Van der Vaart, el equipo ha respondido con solidez y contundencia. En dos semanas vuelve la Champions. Ahí será cuando realmente se verá si este Madrid es, como parece, candidato a todo.