REAL MADRID 3 - SEVILLA 2
6 de marzo de 2010
El Madrid arrebató ayer al FC Barcelona el liderato de la Liga. Lo hizo a base de garra y de fe en la victoria. También de un fútbol de altos quilates, especialmente en la segunda parte con la entrada al campo de Guti y Van der Vaart. El agónico gol del holandés en el minuto 92 hizo justicia a un equipo que supo sobreponerse a un partido que se le había puesto muy cuesta arriba, y culminó una noche épica para el madridismo. Saltaba el Madrid al terreno de juego obligado a ganar, sabiendo que el pinchazo del Barça en Almería le ponía a tiro de piedra a su gran rival por el título. No podían desaprovechar los blancos semejante oportunidad, aunque para ello tuvieron que luchar y sufrir hasta el último minuto.
Un buen Sevilla puso en muchos apuros al Madrid. Durante los primeros 20 minutos de partido los sevillanos, ordenados e incisivos, tuvieron el control del juego e incluso se adelantaron en el marcador en una rápida transición trenzada por Jesús Navas, Capel y Negredo, que Xabi Alonso, en un intento desesperado de despejar, acabó rematando a gol en su propia portería.
El Madrid, sin desplegar su juego más brillante, respondió con una catarata de oportunidades. Encabezado por un omnipresente e hiperactivo Cristiano Ronaldo, acorraló al Sevilla en su área. Cada acometida contra la portería de Palop, magnífico una vez más, era sinónimo de peligro. Así, dispuso de varias claras oportunidades antes del descanso: un buen empalme de Higuaín, que detiene el portero bien colocado; un balón suelto en boca de gol que Kaka, de nuevo desconectado, no acierta a rematar; dos tremendas cabalgadas de Cristiano finalizadas con sendos magníficos disparos, ambas desbaratadas de nuevo por Palop... Pero el balón no quería entrar.
El segundo tiempo comenzó con un nuevo jarro de agua fría para los blancos. Dragutinovic lanza una falta templadita desde casi el centro del campo, la defensa se confía y deja pasar el balón, convencida de que este acabará mansamente en las manos de Casillas... Y el portero blanco, tal vez despistado por sus compañeros, que se la traga. 0-2 en el marcador y el Bernabéu que enmudece, incrédulo ante lo que está contemplando. El partido, y con él gran parte de las opciones de ganar una Liga que apenas permite errores, parecían escaparse.
Ante la adversidad, Pellegrini y sus hombres respondieron con la grandeza que se espera de este equipo. El ingeniero introdujo a Guti y Van der Vaart en el terreno de juego, en sustitución de un discreto Lass y de Arbeloa. El 14, que cuando le da por jugar (bastantes veces esta temporada, por cierto), sigue siendo uno de los futbolistas más geniales y determinantes, tomó el mando de las operaciones y convirtió el resto del encuentro en un constante asedio de los madridistas. Mientras el de Torrejón filtraba pases desde cualquier ángulo, Marcelo y un sensacional Sergio Ramos (con el que se puede contar para todas las guerras), entraban como cuchillos por las bandas. En una de esas internadas, el brasileño puso un balón al corazón del área y Cristiano apareció por allí, indetectable para la defensa, para acortar distancias. Pocos después, Guti estrellaba un trallazo en la cruceta de la portería sevillista. Sin solución de continuidad, Ramos empataba el partido con un gran cabezazo a la salida de un saque de esquina. El Madrid había tardado sólo 11 minutos en enjugar los dos goles de desventaja.
La avalancha de fútbol y oportunidades no se detuvo durante la media hora restante. Con un Higuaín en estado de gracia (imposible echar de menos a Benzema) buscando el gol con desesperación. Hasta dos veces estrelló el argentino el balón en el palo tras un par de magníficas jugadas personales, la segunda tras otro magistral pase de Guti. Y Van der Vaart demostrando que, los que en verano pensábamos que sobraba, nos equivocábamos. Las oportunidades se multiplicaban según se acercaba el final del encuentro. Pero la diosa fortuna no quería concederle al Madrid el merecido triunfo.
Hasta que, 34 disparos a puerta después (16 de ellos entre los tres palos y otros tres a los postes), Van der Vaart hizo justicia culminando la remontada y otorgando al Madrid el liderato. El coliseo madridista entró en ebullición, embargado por la emoción del encuentro, y consciente de la importancia de una victoria que, para colmo, supone un golpe moral en la línea de flotación de su gran rival por el título de Liga. Una lucha que se presenta apasionante y en la que el Madrid, gracias a un gran ejercicio de casta y fútbol, tomó ayer ventaja.

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