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Dolor, mucho dolor

El Real Madrid sufrió anoche en el estadio Bernabéu uno de los golpes más duros que se recuerdan en muchos años. Tras invertir más de 300 millones de euros para devolver al club la supremacía europea, el equipo de Florentino Pérez cayó eliminado, por sexta ocasión consecutiva, en los octavos de final de su competición fetiche. Precisamente, el año en que su principal objetivo era celebrar la décima Copa de Europa en su propio estadio y ante su afición. Pero el fútbol no entiende de millones y mucho menos en un cruce a ida y vuelta. El equipo blanco demostró mucho más potencial que el francés, pero fue inferior en el global de la eliminatoria. Para colmo, no supo aprovechar sus momentos de buen fútbol (los primeros 45 minutos de ayer fueron esplendorosos) y lo pago caro. Muy caro.

Las cosas empezaron muy bien para los blancos. A los cinco minutos de juego ya habían logrado igualar la eliminatoria tras un magistral pase de Guti, que Cristiano remató a gol entre las piernas del portero. El Lyon entregó el campo al Madrid, que jugaba a placer y creaba clarísimas ocasiones, demostrando la enorme diferencia que se presupone entre uno de los grandes aspirantes a levantar el cetro europeo y líder de la todopoderosa Liga española y el tercer clasificado de la francesa. La superioridad madridista era aplastante. En el minuto 20 pudo encarrilar definitivamente el pase a cuartos, pero Higuaín, tras sortear al portero, mandó el balón al palo con toda la portería para él. Pocos minutos después, otro magnífico tiro del argentino fue desviado por el meta francés Lloris ante la desesperación de Cristiano, que esperaba solo al otro lado del área para rematar a puerta vacía. El portugués, que ayer demostró su jerarquía con un partido formidable en el que se echó al equipo a la espalda y batalló sin cesar, barriendo todo el frente de ataque, se lo recriminó de muy malos modos. Ese tipo de gestos son los que empañan muy mucho su imagen. El Lyon, consciente de sus limitaciones pero un muy buen equipo al fin y al cabo, daba sensacion de peligro en cada una de sus escasas llegadas. Ello, pese al formidable trabajo de Albiol y Garay, especialistas en apagar fuegos antes de de que se extiendan.

Entre tanto, Kaka ofrecía algunos de sus mejores minutos desde su llegada al Bernabéu (lo que sigue siendo un bagaje bastante escaso para un tipo que ha costado 66 millones de euros) y Guti no solo no se escondía, sino que pedía cada pelota, dirigía con maestría, luchaba y defendía. Pese a ello, todavía los habrá que le culpen del destino del Madrid. Es el sino de un jugador maldito. Parecía sólo cuestión de tiempo que el choque se desequilibrara del lado de los blancos.

Pero, he aquí lo mágico del fútbol, el guión del partido cambió de rumbo en la segunda parte de forma incomprensible. Mejor dicho, gracias a un maravilloso movimiento táctico del entrenador francés, que Pellegrini no supo contrarrestar. Gonalons y Kallstrom sustituyeron a Boumsong y Makoun, reforzando el centro del campo francés. El Olympique comenzó a presionar más arriba, dificultando la salida del balón. El Madrid sufrió un cortocircuito y el partido se convirtió en un correcalles que sólo podía beneficiar a los franceses. El Lyon no sólo equilibró el duelo sino que, por momentos, le arrebató la pelota al Madrid. Y, lo más preocupante, comenzó a llegar con peligro. Con mucho peligro.

En esas, el Madrid dejó de crear ocasiones y comenzó a jugar al filo de la navaja: conforme se acercaba el final del choque mayor era el riesgo de que un gol de los franceses le dejara sin capacidad de reacción. Sucedió en el minuto 75: tras una serie de rebotes dentro del área, el balón le llegó a Pjanic, que fusiló a Casillas sin oposición. Quedaban 15 minutos para tirar de épica. Pero el golpe fue tan bestial que el Madrid ni siquiera fue capaz de reaccionar. De aquí al final del encuentro no creó ni una mala ocasión de peligro. Ni siquiera la entrada de Raúl (tan celebrada por la grada como pitado fue el sustituido Kaka) supuso el esperado revulsivo.

Así las cosas, el Madrid queda fuera en el mes de marzo de su máximo objetivo de la temporada. Queda por ver cómo va a asimilar el equipo semejante golpe. De momento, la afición lo ha encajado con dolor. Con mucho dolor.

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