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Higuaín y Cristiano fusilan, Gago se reivindica


El Madrid, tras la victoria del Barça ante Osasuna, estaba obligado a ganar si quería mantener opciones en su pugna contra los catalanes, en pos de una de las Ligas más emocionantes y reñidas que se recuerdan. Es lo único que puede salvar ya su temporada y el Madrid se aferra a ello con todas sus fuerzas. Y no falló. Además, recuperó la autoridad que había perdido en los últimos encuentros, especialmente tras la eliminación de la Champions contra el Lyon. Gobernó el partido desde el principio con una autoridad incontestable, ayudado también por un Getafe que se mostró blando en exceso. Y eso, contra el Madrid, se paga muy caro.

En un campo rapidísimo, debido a la intensa lluvia caída durante toda la tarde sobre Getafe, los blancos demostraron que, pese al hachazo moral que supuso la eliminación europea, aún está en condiciones de aguantarle el pulso al Barça. Ayer lo hizo de la mano de un Gago muy enchufado desde el comienzo del encuentro, consciente de que disponía de su última ocasión para hacerse un hueco en el equipo y tener opciones de jugar el Mundial. Lass no atraviesa su mejor momento y el argentino no desaprovechó la ocasión de poner en apuros a Pellegrini de aquí a lo que resta de temporada. Y es que, el partido del argentino fue sensacional. Incisivo y profundo, participó activamente en el juego y dejó detalles de calidad. Algo vital en un Madrid necesitado de centrocampistas debido al bajón de juego de Lass y Granero y con un Kaká desaparecido en combate.

El partido no tuvo mucho misterio. El Madrid lo despachó en apenas 35 minutos, los que tardó en marcar sus cuatro goles. A los 12 minutos de juego, el enésimo golazo de falta de Ronaldo ponía el partido muy de cara para los blancos. A los 20, Higuaín prácticamente sentenciaba el choque tras una gran contra propiciada por un buen robo de balón de Gago. Poco después, la conexión argentina fabricaba el tercero: Gago se inventa una gran combinación en el mediocampo y la finaliza enviando un maravilloso balón en profundidad al desmarque de Higuaín. El Pipita, en estado de gracia ante el gol (con los dos de ayer ya lleva 22, igualando su mejor marca anotadora en Liga), se zafa de Ustari y anota a puerta vacía. Cristiano, ayer de nuevo un animal desatado, picado tal vez en su orgullo por las grandiosas actuaciones de Messi, que cuestionan, y mucho, su status de mejor jugador del mundo, realiza una serie de bicicletas dentro del área que culmina con un obús al palo cruzado para anotar el cuarto.

Apenas un par de minutos después, y con el partido ya más que zanjado, llegó la acción más controvertida del encuentro. La que supuso el 1-4 del Getafe. Casillas persigue un balón fuera del área, Parejo se lanza a por la pelota, la toca y se la arrebata... pero golpeando a su ex-compañero, que se retuerce en el suelo de dolor. El jugador getafense se gira, ve al portero tirado en el suelo sin saber muy bien qué ha pasado, recibe el balón y, con la puerta vacía, decide empujarlo a gol. Acción discutible desde el punto de vista ético, pero atenuada por la dificultad de tener que tomar una decisión en décimas de segundo. Más, cuando el rival te está bailando de mala manera.

Ningún jugador blanco protestó la acción. Ninguno salvo Casillas, que no entiende de goleadas ni de partidos resueltos y para el que encajar un gol, aunque su equipo lleve diez de ventaja, es siempre motivo de disgusto. El caso es que las airadas protestas del meta blanco propiciaron uno de los hechos más inéditos que se han visto en los últimos años en un campo de fútbol español. Todo un estadio pitando al guardameta de la selección y, probablemente, una de las personas más queridas y admiradas de nuestro país. El abucheo constante al meta blanco fue lo más destacado de una segunda parte en la que el Madrid no quiso hacer sangre y durmió un partido cuyo única anécdota fue el segundo gol del Getafe, que llegó en otro accidente. La Liga sigue al rojo vivo.

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