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Rafa ha vuelto

Vale, que es solo una primera ronda del Viña del Mar (un torneo 250) y contra el 128 del mundo, pero después de siete eternos meses en los que he sufrido de lo lindo (la derrota en Wimbledon, ya muy tocado, contra el ya célebre Rosol, las ausencias en el US Open y en Australia... aunque lo de que no pudiera disputar los Juegos me jodió especialmente... más por la ilusión que le hacía ser el abanderado español que por la medalla que casi nos garantizaba) el mono comenzaba ya a ser tan importante que cualquier cosa me valía.

Le ha costado entrar en calor (como es habitual en él, más aún en esta situación, después de tanto tiempo parado); cuando he logrado conectar el partido (según mi abuelo lo echaban en Teledeporte... Dios, como están las cabezas ya...) perdía 2-1 y le habían roto el saque... pero en seguida se ha desatado el huracán Nadal. A partir de ese momento, un parcial de 11-3 y a descansar, que mañana hay más. Es lo que tiene ser el mejor jugador de la Historia sobre tierra batida (bueno, el mejor jugador de la Historia sobre una sola superficie, porque ni siquiera Federer en hierba ha mostrado tal superioridad). Nadal podría vencer un Masters 1000 en tierra aunque estuviera cojo; el Viña del Mar lo debería ganar cojo, con una mano atada a la espalda y los ojos vendados. Lamento el menosprecio hacia los rivales, pero por lo visto en los últimos ocho años, la cosa funciona tal que así.

Y ya está. Esto es todo lo que quería decir. Seguramente no sea la entrada más trascendental de este blog. Pero me apetecía escribirla. De hecho, necesitaba escribirla. Y es que estoy de celebración. Rafael Nadal ha vuelto. Que tiemble el mundo.

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