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La revolución de las democracias se ha iniciado en España, ¿cómo lograr que triunfe?

Lo primero de todo, mostrar mi enorme felicidad por el movimiento surgido en España, casi único en el mundo occidental (¡benditos sean los islandeses!) y que me hacen sentirme enormemente orgulloso de ser ciudadano de este país.

Pero este movimiento tiene bastantes obstáculos y peligros por delante, así que, hay que actuar con cautela, pero también con inteligencia y determinación. Esto puede ser el germen de un cambio radical, al menos de un progreso, pero de momento es solo eso, algo que está germinando.

En primer lugar: este es un movimiento sin cabeza visible, solo unido por el desencanto ante el actual sistema. La falta de liderazgo del movimiento puede acabar llevando al caos organizativo. Si alguien finalmente toma el liderazgo debe tener un apoyo fuerte y ejercerlo con inteligencia y pensando en el bien común, no en sus posibles ansias de poder o protagonismo. Segundo: ni a los bancos, ni a las multinacionales, ni a las grandes corporaciones (entre las que hay multitud de grupos de comunicación) les interesa el triunfo de este rebelión pacífica. Tienen mucho poder y van a tratar de utilizarlo para menospreciarla, manipularla y tratar de hacerla caer en el olvido. Tercero: es muy fácil apoyar el "estoy en contra de esta mierda de sistema" (advertencia para la señora Aguirre: eso no significa ser un antisistema, sino considerar que el sistema está muy mal hecho y que queremos uno, pero que sea mucho mejor que este), el problema es que para avanzar y acabar con esta mierda de sistema no basta con criticarlo, sino que hacen falta propuestas concretas y que una mayoría de ciudadanos refrende el apoyo a esas propuestas en las urnas: en eso se basa la democracia.

Si no, existe el peligro de que esto se convierta en la anarquía total, en la que cada grupúsculo insatisfecho podría tomar las calles cada vez que lo considerara oportuno para reclamar sus demandas. Y eso, creo yo que no llevaría a ninguna parte. ¿Quién debería dirigir estas propuestas? Pues para evitar caer en manos de personas incapaces de hacerlo (¡ojo!, que no inútiles; no sé si la gente es consciente de lo difícil y complejo que puede llegar a ser el proceso de cambiar las estructuras de una sociedad) o de populistas, creo que esa responsabilidad debería recaer en las personas, a priori, objetivamente más capacitadas para ello y con un nivel intelectual plenamente reconocido: lo mejor que se me ocurre, en principio, es un grupo de Catedráticos Universitarios apoyado por personas con mucha experiencia en política (que no políticos, al menos no lo que entendemos como políticos tradicionales, aunque creo que también entre estos los hay muy capaces). Porque no sólo basta con presentar propuestas y demandas, estas deben resultar, imprescindiblemente, eficaces, eficientes y efectivas. Y, detrás de ellos, debería haber mucha gente trabajando para propagar estas propuestas y lograr su legitimación en las urnas.



Y aquí es donde pueden surgir las discrepancias o los errores que lleven a la división y a la derrota del movimiento. Estoy seguro de que todos creemos tener ideas geniales para resolver los problemas del mundo. Pero debemos ser conscientes de que, seguramente, haya gente más preparada que nosotros, y con mejores ideas y mejor conocimiento de cómo funciona realmente el mundo y la sociedad. Eso requiere de un alto grado de humildad (sinceramente, yo también creo estar en posesión de las soluciones definitivas a todos los problemas del mundo…), en pos del bien común.

Además, para lograr avanzar en las reivindicaciones es necesario lograr una legitimidad y, para ello, es imprescindible organizarse en partido político y aunar fuerzas, ya que la dispersión del voto a multitud de pequeños partidos protesta (que creo que es lo que va a pasar en las municipales del domingo), no va a llevar a la derrota de los dos grandes partidos.

Por otro lado, vamos a pensar a lo grande. Supongamos que en las próximas elecciones legislativas varios millones de personas nos ponemos de acuerdo en votar a un partido, llamémoslo, alternativo, dispuesto a romper con el actual sistema. Bueno, pues entonces ojito (y lo dice uno encantado con este movimiento), porque las cosas no son tan fáciles como pegar una patada en el culo a nuestros políticos. Supongamos que el espíritu de la Spanish Revolution triunfa y que esta victoria supone el apoyo a una formación que pretende reformar el sistema de arriba a abajo o que, simplemente, imposibilite la formación de un Gobierno estable. Ello se traduciría, seguramente, en la desconfianza de los mercados y de las empresas (que dejarían de invertir en España), lo que nos llevaría a un retroceso económico. Y, en un mundo dominado por lo económico (y sí, no solo banqueros y políticos se mueven por el dinero, también el ciudadano de a pie lo hace) muchas personas podrían elegir su estabilidad económica antes que su dignidad como personas. Hay que ser conscientes que el triunfo de este movimiento probablemente conllevaría, a corto plazo, un empeoramiento en nuestras condiciones de vida (si por ello se puede entender el tener que prescindir, por ejemplo, del móvil, un buen coche o salir a cenar a restaurantes cada fin de semana…).

Y es que, no olvidemos que pertenecemos a unas instituciones (UE, OTAN, OMC…) de las que todos nos beneficiamos y que no van a permitir ciertas cosas. Tampoco olvidemos que si queremos un país mejor y más justo, hemos de empezar por lograr un mundo mejor y más justo, y eso implica forzosamente dejar de expoliar a los países pobres y devolverles lo que les estamos quitando (robando), lo que conllevaría un empobrecimiento relativo y un empeoramiento de nuestro nivel de vida. Y que hacer todo esto requiere trabajo, mucho trabajo, por lo que todos tendríamos que sacrificar gran parte de nuestro tiempo libre. Porque las cosas no se hacen solas, ni sentándose esperando a que las hagan otros y, si realmente queremos que todo esto mejore habrá que trabajar duro por ello. Y no vale con que lo hagan solo unos pocos, tiene que ser una unidad de acción porque, si no, los que estén invirtiendo su tiempo y trabajando por lograr un país (mundo) mejor, se rebelarán contra los que se supone que les apoyan pero que no mueven un dedo para ayudar. La cuestión es, ¿estamos dispuestos a ello? En las próximas semanas/meses se verá.

PD. Seguramente esté yendo demasiado rápido y adelantándome a los acontecimientos. Es a consecuencia del tremendo grado de excitación que me ha producido esta enorme y bella demostración de dignidad que se está produciendo a lo largo y ancho de nuestro país.

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