¡Pero como puede ser hombre! ¡Me siento indignado! ¿Cómo es posible que esos enfermos tengan los mismos derechos que nosotros, la gente normal y de bien…? Aunque bueno, de todas formas ese no es el verdadero problema, que hasta nuestro partido y nuestra querida Iglesia están a favor de que esta gentuza puedan tener ciertos derechos. El verdadero problema de todo el asunto es el nombre de la ley. ¡Joder, que ese nombre atenta contra nuestra dignidad! Que se les está equiparando con nosotros. Que el nombre del santo matrimonio se está mancillando. Eso es una vergüenza.
Vamos a salir en cientos de miles a la calle (Espe dice que somos millones, ¡toma!) para decirle al Gobierno que no, que no se le puede llamar matrimonio a las uniones homosexuales, de ninguna manera. Que no hay cosas más importantes por las que protestar que porque a una cosa se le llame de una forma y no de otra. Sí señor. Así que, para todos los miles de millones que se manifestaron en las calles durante tantos y tantos sábados en contra de la Ley de Matrimonios Homosexuales, un fuerte aplauso.
Como creo que el iroinómetro (que mide el nivel de ironía, no el de heroína en sangre) está a punto de explotar, vamos a ponernos serios (como me gusta decir a mí). Así que, otra cosa más, una frase de ánimo para subirles la moral: ESTÚPIDOS HOMÓFOBOS quedaros en casa viendo el fútbol que vais a aprovechar mejor vuestro tiempo.

3 comentarios:
Estoy completamente de acuerdo en que se legalicen las uniones homosexuales y en la equiparación de derechos. Mantengo mis más serios reparos en lo referente a la adopción y estoy de acuerdo en una cosa contigo: tal como está el país, hay mucho más por lo que protestar que por cómo se llama o deja de llamar la unión homosexual. Aún así, no puedo estar de acuerdo en que se califique como "matrimonio" una cosa que por la propia definición de la palabra no lo es. Según la RAE, "unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales. En el catolicismo, sacramento por el cual el hombre y la mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia.coloq. Marido y mujer". Es absurdo querer que las peras se llamen manzanas. Y cualquier argumento diferente que la definición de una palabra es absurdo.
El Cristianismo, como la mayoría de religiones, actúa como un auténtico virus incultural. En primer lugar, elevar la fe a la categoría de virtud lleva aparejado trasladar la razón, el razonamiento, el análisis, la crítica, la prueba empírica... a la categoría de pecado de orgullo. Es decir: no pienses, calla y obedece.
Luego, se ha dedicado a inocular odio a las personas: a su cuerpo, a la desnudez, a la naturaleza, a la sexualidad...
y entre la personas: a los homosexuales, a los laicos, a los ateos, a los practicantes de cualquier otro conjunto de creencias no cristianas...
Por supuesto, se puede rebatir todo lo que yo acabo de escribir. Para ello han utilizado el doblepensar orwelliano: afirmar una cosa y la contraria, para echar mano de cada una cuando haga falta. Tal como se puede rebatir, empero, se puede afirmar echando mano sencillamente de los textos bíblicos, para empezar.
Si vamos a decir que los homosexuales son enfermos por ser mutantes, entonces debemos decirlo de todos nosotros: cualquier persona con los ojos azules, con el cabello rubia, zurda... todos somos mutantes. Nuestro A.D.N. se desarrolla mediante la mutación y la especie evoluciona a través de la presión selectiva darwiniana de dichas mutaciones.
Se calcula que hay un 10% de la población mundial que es homosexual. Y otro 10% —que puede estar mezclado con el anterior, pues ambas cualidades no son excluyentes— son zurdos.
A ambos grupos se les ha perserguido de forma violenta a lo largo de la Historia. Especialmente desde que el Cristianismo se hizo fuerte —después de contribuir a derrumbar con sus actos terroristas el Imperio Romano; véase la trágica historia de la filósofa Hypatia—.
El matrimonio, la unión entre dos personas, existía mucho antes que el Diccionario de la R.A.E. y que la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Si entendemos el contrato matrimonial como un pacto
- voluntario
- entre dos personas adultas o legalmente emancipadas
- que comparten un proyecto vital común o almenos similar
- que comparten una manera de entender la vida parecida
- de duración indefinida
- de colaboración entre iguales
- en el que se contempla la posibilidad de tener una descendencia a la que criar y educar
- para colaborar en el área económica
- para interactuar emocional, afectiva y/o sexualmente
... y lo que me deje,
veremos que lo de menos es el sexo de las partes que pactan. Claro, que no todo el mundo maneja una definición tal que ésa.
Si rizamos un poco el rizo, pero sin salirnos de la realidad y de la práctica de muchas personas durante muchas décadas, veremos que esta nueva ley no "legaliza el matrimonio entre homosexuales" sinó simplemente "el matrimonio entre personas del mismo sexo".
No es lo mismo aunque pueda parecerse. Los homosexuales se han casado durante toda la Historia, a partir de la invención del contrato matrimonial dentro de las sociedades familiares, posteriores a las sociedades de clanes. Sólo que antes tenían que casarse con personas del sexo contrario y aparentar, para salvaguardar su integridad física, económica, sus intereses sociales, etc.
Si la persona del sexo contrario se casaba engañada, ese matrimonio, que podía perfectamente procrear o adoptar niños mientras conservasen la mascarada condicionada por la persecución social, estaba condenado a la infelicidad familiar.
Si la persona del sexo contrario, conocía también y participaba de la mascarada defensiva, ¡pudiendo ser incluso también homosexual!, el desenlace de su historia personal no sería de desengaño o infelicidad por ese motivo. Aunque quizá sí que causase lástima, ansiedad, frustración... el tener que mentir a todo el mundo para salvaguardar sus legítimos intereses por algo tan inocuo como la sexualidad de cada cual.
(...)
(...)
Hoy en día, con la nueva legislación, se permite a cualesquier dos adultos que se casen con quien deseen. No se les va a preguntar siquiera si son homosexuales. Si nos fijamos, bien podrían casarse juntos dos señores o dos señoras heterosexuales. Los motivos no se me ocurren ni me parece muy probable, pero creo que entra perfectamente dentro de la ley aprobada. Me parece que no están pidiendo pruebas de homosexualidad a los firmantes de los contratos matrimoniales que son del mismo sexo.
Igual que no se pedían pruebas de heterosexualidad a los intervinientes en matrimonios "tradicionales". Palabra esa última a revisar, porque siempre hay tradiciones anteriores y diferentes o contrarias a las que cada uno gusta de referirse.
Me recuerda esto último, para terminar, una anécdota relacionada precisamente, y volvemos al punto de partida, con las peligrosas instituciones y cultos religiosos. Peligrosos para la vida en paz, libertad, responsabilidad, solidaridad y cultura.
En los U.S.A., donde las distintas iglesias le han ganado demasiado terreno a los poderes democráticos emanados del Pueblo soberano (como en Israel, p.ej.), hay una comunidad religiosa creo que de raíces indígenas que según sus dogmas precisan de consumir drogas alucinógenas con fines enteogénicos —ser capaces de ver, oír y hablar a los dioses—.
Se da la hiriente paradoja de que en dicho Estado esas drogas alucinógenas y con capacidad analgésica están prohibidas. Incluso para los enfermos con grandes dolores causados por el cáncer. Pero, oh, maravilla, los religiosos que crean en esta religión que les cuento, tienen el derecho constitucional a consumir tales sustancias psicotrópicas para poder ejercer su libertad religiosa en paz.
A donde voy a parar es a que si quieres consumir esa droga en ese Estado de los U.S.A., no precisas de creer realmente en esos dioses, sinó simplemente decir que crees. No te pueden pedir pruebas de lo que pasa dentro de tu cabeza. Imagino a una legión de enfermos de cáncer con grandes dolores haciéndose pasar por religiosos para poder fumar los analgésicos alucinógenos en cuestión.
Saludos cordiales,
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