Los que no se fían de las ONG: estas personas sí que se fían de los bancos (y de los banqueros), de las compañías de telecomunicaciones, de las eléctricas, de que la comida basura que comen cada día es sana y no productos cancerígenos que van a acabar exterminándolos... pero no de las ONG's "porque el dinero no llega" y otras mil excusas más.
Los cariñosos: suelen ser señoras de mediana edad que, por lo general, pasan de largo... eso sí, con la mejor de sus sonrisas acompañada de una frase amorosa del estilo: "Lo siento cariño" o "lo siento cielo". Me encantan.
Los sobones: son aquellos que pasan olímpicamente de tí, pero que acompañan su negativa con un agarrón del brazo, un toquecito en el hombro, una palmadita en la espalda...
Los que están forraos: señoras con abrigos de visón y gafas de sol de Dolce Gabana que salen del Corte Inglés con tantas bolsas que apenas les caben en la mano; o bien hombres impecablemente trajeados, con relojes que cuestan más que algunos coches. Se caracterizan por no escucharte siquiera. Supongo que tienen mejores cosas que hacer que compartir su dineral con aquellos que no han tenido tanta suerte en la vida como ellos. Me imagino que alguien les castigará cuando vayan al infierno. En casi dos meses que llevo trabajando se han hecho socios estudiantes, parados, inmigrantes, obreros y un largo etcétera, pero ninguno de estos especímenes ha tenido el gusto de pararse a escucharme.
Los que están trabajando: estoy seguro de que muchos dicen la verdad, pero me mosquea la gran cantidad de ellos que hay. Para que la gente lo sepa, hay un montón de españoles que trabajan caminando tranquilamente por las calles. Entiendo a todos ellos que llevan paquetes, sobres, carritos... Pero los que caminan a 3 km/h y con sus gafas de Sol puestas. Sospechoso... Como sea verdad, así va el país.
Los que dicen que primero los españoles: pese a que no conozco a ningún español que se muera de hambre ni al que le persigan para matarlo (y a no ser que Aznar vuelva al poder o Aguirre se haga con él, no es previsible que esto vaya a ocurrir), estas personas defienden que, con un 20% de paro y la crisis que estamos viviendo, primero habría que ayudar a los españoles y luego a los de fuera. Me parece respetable su opinión. Lo curioso del caso es que, cuando les preguntas que con qué asociación ayudan ellos a los españoles, te dicen que, por ahora, con ninguna. Olé sus huevos.
Los guiris: son los más graciosos, no se enteran de nada, así que siempre te sonríen y te explican, como buenamente pueden, que no te entienden ni papa.
Los que se hacen pasar por guiris: también son muy graciosos... pero por lo ridículos que son. Estos elementos, al estilo Bradd Pitt en Malditos Bastardos, simulan que son guiris y que no se enteran de nada. Pero claro, el acento y las pintas los delatan. Con lo fácil que es decir: "no, lo siento, no tengo tiempo".
Los cobardes miserables: son aquellos que se muestran súper interesados, te cuentan lo solidarios que son y te dan todos sus datos... salvo los bancarios, porque no los llevan encima, y que te facilitarán en cuanto los llames por teléfono. Ahí es cuando estas pobres gentes demuestran lo miserables que son: no es que te digan que se han arrepentido, o que se lo han pensado mejor y que su situación económica no se lo permite o, simplemente, que no les da la gana. En lugar de eso, no cogen el teléfono, o te ponen todo tipo de excusas, o te cuelgan. En fin, si estas "personas" no son capaces de ser sinceros (ni siquiera por teléfono, algo que puede resultar más fácil) con alguien al que no conocen, al que no van a volver a ver en su vida y que, a fin de cuentas, no les ofrece nada a cambio de su dinero. ¿Cómo actuarán cuando tengan que sincerarse con sus hijos, pareja o familiares por algún error que hayan cometido? No voy a cebarme con ellos. Bastante desgracia tienen con ser como son. Sencillamente, lo peor de la sociedad.



empezar decimoctavo, remontar hasta el cuarto puesto y acabar la prueba por delante de todos tus rivales directos por el título? Nunca sabremos la respuesta, pero a tenor de la cara de satisfacción con la que Fernando Alonso se bajó de su Ferrari, todo indica que el asturiano habría elegido la segunda opción sin dudarlo si alguien le hubiera preguntado antes de empezar la carrera. Y es que, tras dos años de sufrimiento, Alonso disfrutó de lo lindo en el circuito de Albert Park. Como todos los aficionados a la Fórmula Uno, que pudieron contemplar una de las carreras más divertidas y emocionantes que ser recuerdan en las últimas temporadas.
El Madrid, tras la victoria del Barça ante Osasuna, estaba obligado a ganar si quería mantener opciones en su pugna contra los catalanes, en pos de una de las Ligas más emocionantes y reñidas que se recuerdan. Es lo único que puede salvar ya su temporada y el Madrid se aferra a ello con todas sus fuerzas. Y no falló. Además, recuperó la autoridad que había perdido en los últimos encuentros, especialmente tras la eliminación de la Champions contra el Lyon. Gobernó el partido desde el principio con una autoridad incontestable, ayudado también por un Getafe que se mostró blando en exceso. Y eso, contra el Madrid, se paga muy caro.


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